LA MAYORÍA DE CADA DÍA

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Supongo que, a estas alturas de la vida política española, nadie esperaba un discurso inflamado de Mariano Rajoy en el nuevo y cansino capítulo de la investidura más larga de la Historia. Rajoy estuvo ayer en su línea: serio y comprometido. Que no es poco. Ha demostrado que antepone el interés general del país al suyo propio y al de su partido. A él le habrían venido muy bien unas elecciones con el PSOE roto. Personalmente, creo que a España también. Pero el candidato a la Presidencia se caracteriza por su rectitud personal y por no dar bandazos imprevistos. Es un signo de formalidad y prudencia, aunque en ocasiones el talento político requiere de decisiones audaces, valientes y sorprendentes. Como no optó por esta vía, se someterá al tormento de enfrentarse en minoría a un Parlamento complejo, en el que «cada día tendrá que construir una mayoría para gobernar». Ahí residirá la clave de bóveda de la política española de los próximos años: lograr apoyos para esa mayoría de cada día. Solo hay un aceite que engrase tan delicada maquinaria: el diálogo con todos aquellos que creen en la democracia.