LO QUE NOS HABRÍAMOS AHORRADO

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Todo el problema del momento político español estaría arreglado si Pedro Sánchez, la noche del 20 de diciembre pasado, en lugar de calificar de «históricos» sus resultados, se hubiese dado un baño de realidad y hubiese aceptado ser vicepresidente de un Gobierno de coalición, tal y como le ofreció Mariano Rajoy. Tendríamos presupuesto para el próximo año, estabilidad para la economía y, lo que es más importante, un gran consenso para poner al día España y hacer frente al secesionismo. Pero Sánchez prefirió destripar el juguete, y ahora estamos de nuevo en la posición de salida, casi once meses después, pendientes de que los socialistas se abstengan o queden convocadas unas nuevas elecciones. Ir a las terceras nos convertiría en la excentricidad de Europa, pero tal vez fuese lo más estable, seguro y pedagógico. El presidente en funciones, por su sentido de la responsabilidad, parece dispuesto a pasar por el tormento de una investidura no deseada y una legislatura cainita. Ahora bien, a España y a los ciudadanos quizá nos saldría más a cuenta volver a votar.