EL GRITO

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Algo estamos haciendo mal para que muchachos nacidos en la España democrática de la abundancia material se comporten como energúmenos contra el expresidente Felipe González, y nada menos que en el territorio del debate intelectual que es la Universidad. La primera ley de la democracia es respetar al otro, al contrario, al que opina distinto que tú. Tal vez la profesora que pasó por alto la primera falta de ortografía de uno de esos chavales comenzó a inocular el sectarismo que hoy habita en ellos. Forman parte de una generación de jóvenes a los que todo les resultó demasiado fácil. Cuando se sobreprotege a un niño, se crea un intolerante. Uno de esos que de manera recurrente pretenden restarte la razón a base de combatirla con el grito y la violencia. Algo hemos hecho mal, y algo debemos empezar a hacer de otra manera: identificar a los promotores y avergonzarlos socialmente a través del consenso de los valores democráticos. El grito de una minoría de España tiene nombres y apellidos. Ayer lo escribíamos: políticos, periodistas y determinados medios se pasan la vida incitando al odio.