UNA ESTRATEGIA GANADORA

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Con los apuros económicos de los últimos años, a España se le olvidó la estrategia cultural. Consecuencia de ello es la fusión de las competencias de Educación y Cultura en un solo ministerio. Ambas son trascendentales en el momento actual y están bien trabadas entre sí, pero España y su amplia y plural cultura merecen un pulso fuerte y ganador en esta materia y para ello es fundamental tener un ministro propio. Aquella discusión que se desató en Francia cuando De Gaulle nombró a Malraux ministro de Cultura está hoy ya superada. La cultura es la continuidad histórica, es la forma de pensar y hasta de vivir; afecta a muchos otros campos y, por supuesto, también al económico. Su gestión se ha ampliado y se ha vuelto más compleja. Solo con desarrollar el talento potencial de este país en el área audiovisual, estamos haciendo una apuesta de éxito. Sería un error no recuperar el Ministerio de Cultura. Su inteligente gestión nos dará grandes réditos en el futuro. Como escribió el propio Malraux, la cultura es lo que, en la muerte, continúa siendo la vida.