ESTACIÓN TERMINI

Wf1/1856  113 (det )
Ayer Pedro Sánchez dio la impresión, en el Congreso de los Diputados, de que su único interés era vengarse de su fracaso personal en la pasada y atrabiliaria investidura de marzo. Necesitaba íntimamente llevar a cabo un ajuste de cuentas. Se equivocó; se encontró con el Rajoy más parlamentario. La propuesta del líder socialista volvió a consistir en el montarse de nuevo en ese tigre desbocado que es el «no es no». El problema radica en que ese bloqueo institucional que él protagoniza, ya no solo es malo para Rajoy o para el PP, es pésimo para el techo de gasto, los presupuestos de 2017, la consolidación de la recuperación económica, el peso de nuestro país en el concierto internacional o la fortaleza de España frente al desafío del independentismo catalán. Esa insensibilidad para con el interés general pone en evidencia a su propio partido y su larga tradición. Además, el afán de venganza que demostró ayer, solo evidencia su debilidad. Pero sobre todo, Sánchez ha perdido una gran oportunidad de hacer carrera política. Ahora ya está en estación Termini.