INDEPENDENTISMO Y LIBERTAD

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Este verano espléndido y luminoso, pleno de sol y de consumo, camufla algunos de los graves problemas de España, entre los que el Gobierno en funciones es casi lo de menos. Resulta peor la falta de credo democrático de nuestros representantes, el quebranto permanente del Estado de Derecho y la calamidad política en la que vivimos, que se ha tornado en una ocasión inmejorable para los radicalismos y para aquellos que quieren destruir el país. Así de fácil, y así de duro. El desafío catalán reaparecerá en cuestión de días. Ese sí es un conflicto. Lo son las permanentes agresiones y amenazas jurídicas y políticas de los independentistas contra el Estado. Como también choca que se desenvuelvan en la mayor de las impunidades, insolentes frente a la coacción positiva que otorga la Ley en democracia. Ahí están los tribunales, que advierten de las consecuencias de incurrir en desacato a cualquier pobre hombre que se sienta en un banquillo y no son capaces de protegerse a sí mismos, ni a los ciudadanos, de los políticos antidemocráticos. Si no existe protección para la Ley, no esperemos después libertades para hacer nada.