METÁFORA EN IBIZA

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En la confusión política actual, el PSOE, pese a haber perdido casi la mitad de su votos, se presenta como elemento clave para que progrese una investidura y la democracia retome su camino en España. El problema de los socialistas es que están dirigidos por un secretario general cuyo comportamiento está a caballo entre el empecinamiento y el rencor. Con esos materiales, poco se puede construir. De hecho, a estas alturas, a Pedro Sánchez sólo le apoyan dentro de su partido la balear Armengol, el catalán Iceta y los candidatos de Galicia y País Vasco. No es casualidad. Justo quienes menos creen en un proyecto común para nuestro país. Sánchez, tras convertirse en el político que más veces ha dicho «no» y tomarse las vacaciones más largas de la historia –después del verano del 42–, apareció el viernes en Ibiza, con el rótulo de Pachá al fondo, para advertir que tampoco apoyará los presupuestos. Toda una metáfora de la baja calidad de la supuesta nueva clase política, insensible al bien común y alejada del interés general. Los socialistas no se han percatado de que están abriendo un abismo entre ellos y la ciudadanía.