RAJOY O TERCERAS ELECCIONES

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Tal vez unas terceras elecciones no sean una opción tan mala, ni una idea descabellada. Al fin y al cabo, visto lo visto y oído lo hablado, casi mejor que los votantes vuelvan a reconsiderar quién puede gobernarnos, ahora que conocen el olor a guerracivilismo que desprenden los que dicen representar a la nueva política. Cerrar una investidura a cualquier precio puede resultar contraproducente para España. Es verdad que nuestro país, cuya economía apunta al alza, necesita con urgencia un Ejecutivo que tome medidas y afiance la recuperación. Pero no es menos cierto que nunca se habían cuestionado tanto los valores democráticos, curiosamente, además, por parte de los que aseguran venir a regenerarlos. A estas alturas, parece claro que sólo es posible una investidura de Mariano Rajoy o unas terceras elecciones para que los ciudadanos le expliquen a Sánchez lo que sus compañeros de partido no se atreven: que el PSOE no puede pactar con quien busca romper España, que el populismo y el “postureo” tienen recorridos cortos y que, en democracia, la lista más votada suele gobernar.