NADA DE NADA

 

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«Nada de nada» es el balance que Oriol Junqueras ha hecho de su viaje de este jueves a Madrid y de su entrevista con la vicepresidenta. Ya le podrían entregar los tesoros del rey Salomón, que el independentista –que por cierto no resiste el mínimo contraste con la realidad, como demostró Borrell– seguiría enquistado en su melancolía victimista. Constatar esta impostura supone que te diagnostiquen de inmediato «catalanofobia». Junqueras pasó por la capital de España y respondió a la cortesía recibida con una simpleza. Antes, dejó sembrado el campo de las habituales barbaridades golpistas. Llamemos a las cosas por su nombre. Quien quiere destruir España tras más de quinientos años de historia y romper el statu quo será por definición un golpista, ¿verdad? Ya sabemos que las opiniones no delinquen, pero también que la libertad de opinar no valida lo expresado. Pretender que el punto de vista de uno tenga que ser aceptado por el conjunto de la sociedad demuestra no haber entendido nada acerca de la libertad de pensamiento ni de la responsabilidad de actuación en una democracia.