LA BANALIZACIÓN DEL ODIO

buitre

Una de las armas más poderosas que posee el ser humano es la palabra. Ya sea para amar o para odiar. Desgraciadamente, y sobre todo en los últimos tiempos, es más frecuente utilizar el verbo para enfrentarse al que no piensa como tú y convertirlo en enemigo. A ello se ha unido, como máquina amplificadora y destructora de reputaciones y honores, el fenómeno de las redes sociales. En ellas se desfogan los cobardes que, protegidos siempre tras el anonimato, amenazan, insultan, injurian y calumnian. Se sienten a salvo en la impunidad del seudónimo. Unos valientes que no se atreverían a decírnoslo a la cara. En ese ambiente, abonado por la falta de valores, crece como reguero de pólvora la banalización del odio. Cuando principios como el respeto, la hermandad o el amor al prójimo caen en desuso, es fácil sustituirlos por perversiones maquilladas desde una mal interpretada libertad. Desde una libertad sin límites, donde cualquier actitud puede ser justificada y cualquier posición debe ser entendida, por muy disparatada que resulte. Esa jungla digital empieza a poner en peligro la convivencia.