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Los que perdieron pretenden mandar. Es decir, hacer lo que ellos quieren sin respetar la voluntad mayoritaria de la sociedad española. Se demuestra así que España es un país democrático, pero sus políticos no necesariamente profesan la fe democrática. Con lo que hemos escuchado hasta ahora desde la noche del domingo pasado, mucho me temo que nos vamos a unas nuevas elecciones. De ser así, la lógica de la secuencia sería que el PSOE terminaría por debajo de los 50 escaños, y Ciudadanos, ya veremos. El esperpento está servido. Los votantes españoles han rectificado a los políticos, pero estos, por alguna razón, no se dan por enterados. Rivera y Sánchez quieren hacer imposible la gobernabilidad de España, pero dicen servir al interés general. Y eso que iban a ser la nueva política, otro aire, otra forma de entender la acción pública, otro estilo. Pues hasta ahora solo están mostrando una patológica envidia a Rajoy. La envidia nunca es sana. Es, eso sí, una de las formas más sinceras de admirar a alguien.