BREXIT POR ÚLTIMA VEZ

eddystone

Todos los ciudadanos que componemos la Unión Europea nos jugamos mucho hoy en Gran Bretaña. Confiemos en que el buen sentido común y el pragmatismo de los británicos nos salven del abismo y en que, al mismo tiempo, la clase política comunitaria se ponga por fin manos a la obra para que nuestro gran proyecto no se cuestione cada vez que sopla el huracán de una crisis económica. El mastodóntico andamiaje de la UE debe ser revisado para resultar más eficaz, menos burocrático y, sobre todo, más cercano a sus beneficiarios. Las debilidades de esta magna obra que es la Europa democrática deberían corregirse para evitar esta inestabilidad a la que nos empujan a cada rato los euroescépticos del país que sea. El plan de una gran comunidad debe ser el empeño por el que apostar, mientras se arrumban todas las singularidades o excepciones. Es curioso que en este mundo tecnificado y globalizado retorne cada vez con más fuerza la aldea. Un regreso emocional, envuelto en la invención de la estética de lo propio. No hay que renunciar a ello, pero sí abrirse a los horizontes del futuro.