EXCUSAS QUE OFENDEN

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Tratar de escamotear del debate público la corrupción de su propio partido es un pecado doblemente grave por parte del político que sea. En un alarde de cinismo, el presidente de la Comunidad Valenciana pretende justificar la corrupción de los ERE con un argumento que no resiste confrontarse con la realidad: asegura que no hubo enriquecimiento personal. Por supuesto que lo hubo, sobre todo de terceros. Y para colmo, las cuantías de dinero público estafado en Andalucía baten récords. ¿Cree Ximo Puig que somos tontos? Una corruptela no justifica otra. Gastarse el presupuesto de todos, especialmente el dedicado a combatir el paro en la región con más desempleo de la Unión Europea, constituye un monumento al desprecio a los ciudadanos. Pero es aún más grave que un político con responsabilidades de gobierno intente edulcorar el escándalo con un supuesto síndrome de Robin Hood, según el cual el montante robado se repartía entre personas desfavorecidas. Los únicos desfavorecidos son los andaluces que aún siguen desempleados después.