TODO ESTÁ INVENTADO

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En la política hay hombres, y mujeres, fogosos y vehementes que quieren promover leyes y desastres que perjudican notablemente al conjunto de los ciudadanos. Suele coincidir esta conducta con la desesperación de muchas personas que lo están pasando mal. Estos políticos presumen de su precocidad, hasta el punto de que se atrevieron en su juventud a recomendar imputados a los jueces. ¿Hasta dónde no llegaría semejante prematura ambición? Es habitual que una audacia tan temprana acabe en una desmesurada desgracia pública. Supongo que, tras leer estas líneas, cualquiera habrá deducido que escribo sobre Rodríguez Zapatero, Pablo Iglesias o Ada Colau. Lo cierto, sin embargo, es que las reflexiones anteriores están entresacadas de la biografía escrita por Seneca sobre Livio Druso, tribuno de la plebe, un desastre para Roma. Lo que demuestra que la historia se repite y que la peor de nuestras pesadillas, por increíble que nos parezca, puede llegar a hacerse realidad.