NO TE PRECIPITES

shady-inn-864Los ciu­da­da­nos te­ne­mos de nue­vo en nues­tras ma­nos el fu­tu­ro de Es­pa­ña. No siem­pre acer­ta­mos en el ca­mino es­co­gi­do. Al me­nos, eso opi­nan aque­llos que se an­gus­tian an­te el ca­lle­jón sin sa­li­da por el que tran­si­ta des­de ha­ce me­ses la po­lí­ti­ca es­pa­ño­la. Otros, sin em­bar­go, en­tien­den que la sa­bi­du­ría del pue­blo re­quie­re de los po­lí­ti­cos más ta­len­to y más ge­ne­ro­si­dad. Es pro­ba­ble que una vi­sión y la otra pue­dan ser de­fen­di­das pe­ro, en to­do ca­so, los elec­to­res te­ne­mos mu­cho que de­cir. El vo­to pa­ra el 26-J, más que nun­ca, de­be ser res­pon­sa­ble y, so­bre to­do, es ne­ce­sa­rio re­fle­xio­nar an­tes de de­po­si­tar­lo. Tony Blair, tan­tas ve­ces in­vo­ca­do en es­te As­tro­la­bio, ha vuel­to a ver­ter luz en el de­ba­te es­pa­ñol con sus ati­na­das apre­cia­cio­nes so­bre el Bre­xit. El ex­pre­mier di­jo ayer: «Si no es­táis se­gu­ros, no os va­yáis». Pues lo mis­mo re­co­mien­do yo a mu­chos vo­tan­tes: si no te­néis cla­ro el vo­to, pen­sad­lo va­rias ve­ces.

TODO ESTÁ INVENTADO

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En la política hay hombres, y mujeres, fogosos y vehementes que quieren promover leyes y desastres que perjudican notablemente al conjunto de los ciudadanos. Suele coincidir esta conducta con la desesperación de muchas personas que lo están pasando mal. Estos políticos presumen de su precocidad, hasta el punto de que se atrevieron en su juventud a recomendar imputados a los jueces. ¿Hasta dónde no llegaría semejante prematura ambición? Es habitual que una audacia tan temprana acabe en una desmesurada desgracia pública. Supongo que, tras leer estas líneas, cualquiera habrá deducido que escribo sobre Rodríguez Zapatero, Pablo Iglesias o Ada Colau. Lo cierto, sin embargo, es que las reflexiones anteriores están entresacadas de la biografía escrita por Seneca sobre Livio Druso, tribuno de la plebe, un desastre para Roma. Lo que demuestra que la historia se repite y que la peor de nuestras pesadillas, por increíble que nos parezca, puede llegar a hacerse realidad.

EL FUTURO EN ESPAÑOL

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Los idiomas que se hablan en España desde hace siglos forman parte del acervo cultural de todos. Gallego, euskera, catalán y español son bienes culturales de incalculable valor que debemos preservar, proteger, potenciar y cuidar. De ahí a instrumentalizarlos políticamente, como hacen algunos nacionalistas, hasta el punto de atacar la raíz de la democracia que es la libertad, hay un trecho al que debemos oponernos, además de enfrentarnos a la saludable y luminosa realidad de la lengua española. Allá los nacionalistas con su ceguera. Nuestro idioma tiene más de 450 millones de hablantes nativos. Solo un país como México cuenta con más de 120 millones de ciudadanos. En la primera potencia del mundo, en los EEUU, 70 millones de personas lo hablan. China, Brasil y Rusia han decidido que el español sea una de las lenguas de estudio obligatorio. Mientras, los nacionalistas se cuecen en su propia sangre, como Compromís, al exigir a los nuevos guardias municipales conocer el valenciano. Allá ellos. La realidad del español es cada año mejor. Imposible poner puertas al campo.

EL ESPEJO BARCELONÉS

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Parece claro que Ada Colau, la alcadesa de Barcelona, disfruta con el caos en su ciudad. Ya pueden estar contentos los ciudadanos que no la votaron, pero que sí miraron para otro lado y que ahora se encuentran con que florece el desconcierto a su alrededor. Me temo que no les va a traer nada nuevo. Perdonen la pedantería pero, hace ya muchos años, Goethe escribió esto: “Prefiero cometer una injusticia antes que el desorden”. Porque el desorden trae después más injusticias y más desigualdades y más atropellos. Nunca abogaremos desde aquí por ningún atropello. Los principios son los principios, y una injusticia nunca justifica otra. Pero sí es bueno señalar en el momento actual de España la sombra y el ejemplo de lo que el populismo puede traer, aprovechando la debilidad de unos, la abulia de otros y la tibieza de la mayoría ante los golpes de efecto de la extrema izquierda: caos, sectarismo e injusticia. Es decir, lo más alejado del ideal democrático.

EL MEDITERRÁNEO UNIVERSAL

 

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El Mediterráneo es un mar que nos envuelve y concierne a todos. De alguna manera, la humanidad entera está en la orilla del Mediterráneo. Me lo explicaba el senador brasileño Cristovam Buarque: “Creer que lo que pasa en Siria no afecta a Brasil es estar ciego”. Por eso, mediante la solidaridad, no solo resuelves los problemas del otro; resuelves los tuyos. Los inmigrantes tocan a las puertas de Europa, pero empujan igualmente en todas las fronteras del mundo, allí donde la opulencia y el bienestar de unos atrae a los más pobres. El Mediterráneo también baña y agita las costas de la riqueza de Sudamérica, deja su oleaje entre México y EE UU, y sacude entre Haití y República Dominicana. Rodea, además, Australia, con ondas procedentes del sur asiático. Mientras la fortuna esté repartida de manera tan desigual, habrá muchos Mediterráneos llenos de personas intentando arribar a puertos nunca vistos. España acogió ayer a veinte refugiados. No pretendamos tranquilizar nuestra conciencia con esa anécdota.

POBRE ESPAÑA

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Pobre España, que no tiene quien la defienda. Cerrar los ojos no hace desaparecer el problema de esa falta de cariño. Exigir que se cumpla la norma en el mal uso de las esteladas no tiene nada que ver con supuestos ataques a la libertad de expresión. Defender el Estado de Derecho es el primer deber de una democracia, que al fin y al cabo se basa en el Imperio de la Ley. Es impensable que en el Allianz Arena de Múnich se dejen mostrar banderas nazis o en Wembley pancartas pidiendo el fin del Reino Unido, o escuchar en el Parque de los Príncipes de París cómo se silba la marsellesa. ¡Pobre España! Entre los que miran para otro lado o los que mantienen la equidistancia ‘buenista’, ya nadie te defiende como lo pudieron hacer en su día Azaña o Besteiro. Ser patriota ya no está de moda; ojalá no se vuelva contra nosotros. Los socialistas modernos no se sienten concernidos con la idea de España. Solo quieren mandar pero no gobernar. Tampoco Rajoy y el PP han estado esta vez afortunados. Al fin y al cabo, como cantó León Felipe, quererte tanto, España, me cuesta nada.

257 MILLONES AL DÍA

OSTRAS

Los políticos contemporáneos no quieren enfrentarse a la realidad, ni explicársela a los ciudadanos. España, a pesar de los bajos tipos de interés, alcanzó ya un nivel de deuda pública que supera el cien por cien de su PIB. Nuestro país pide prestados cada día 257 millones de euros y paga al año en intereses unos 35.000 millones. El dinero, como recordó en una ocasión Rajoy en el Parlamento, no crece en los árboles. Por tanto, España vive muy por encima de sus posibilidades. Las alegrías con las que este Gobierno se está comportando en los últimos meses y, sobre todo, el descontrol financiero autonómico solo nos llevan a hipotecar nuestro futuro y, todavía más, el de las generaciones venideras. Es impopular decirlo, pero rigurosamente cierto. ¿Quién va a encauzar semejante despilfarro? Si no lo ha logrado el centro derecha, difícil se me antoja que vayan siquiera a intentarlo Podemos y Pedro Sánchez. Cuando se emplean palabras ampulosas para prometer y convencer, se hurtan, sin embargo, las grandes verdades a la sociedad. Gastamos lo que no tenemos.

VERGÜENZA

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Cuando las personas pierden la decencia, su prójimo no puede respetarlas. Es lo que ocurre con Arnaldo Otegui y los independentistas catalanes. Tras tanta vileza, es imposible incluso mirarlos con la condescendencia del perdón que se espera de los demócratas civilizados. Que el portavoz de ETA haya sido recibido en el Parlamento  de Cataluña es como si a un nazi le dejan hablar en el Bundestag. Cuando pasen los años y dentro de medio siglo se estudien estos tiempos, los nietos de muchos nacionalistas que utilizaron el supuesto amor a su tierra para justificar los asesinatos de la banda terrorista –cuando no para cometerlos o cooperar con ellos– se avergonzarán. Probablemente, ni siquiera querrán leer la página más negra de sus antepasados. Esa crónica oscura y brumosa por la que miles y miles de personas dejaron sus casas, otras fueron extorsionadas, otras secuestradas y casi un millar, incluidos niños y mujeres embarazadas, asesinadas. Repudiarán sus propias huellas. Un solo bien puede haber en el mal, escribió Séneca: la vergüenza de haberlo hecho.

LA PERVERSIÓN DE PROHIBIR

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Prohibir crea tentaciones, reza el viejo aforismo oriental. Prohibir también crea situaciones como la del cementerio de neumáticos de Seseña. No haberles dado licencia y tolerarlo, haciendo la vista gorda, es la forma más perversa e idiota de entenderse con la ley. El derecho no sirve para nada. Si en lugar de practicar la política habitual de nuestros ambientalistas de oponerse a todo el cementerio de Seseña se hubiese autorizado y regulado, con toda seguridad no estaríamos asistiendo ahora al esperpento de las autoridades echándose las culpas unas a otras mientras el supuesto propietario está huido. Un dueño que se fuga no se ocupa de la seguridad ni de sus responsabilidades. La terca realidad es que los neumáticos estaban ahí. Era una evidencia incontestable. Habría sido mejor autorizarlo y regularlo. De esta manera estaría vigilado, con normas de seguridad, y el incendio no se habría producido. En muchas ocasiones prohibir solo sirve para crear delitos y delincuentes.

ALGO OCURRE EN IBEROAMÉRICA

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Algo está ocurriendo en Iberoamérica y no podemos dejar de prestar atención a ello. Los populismos izquierdistas están fracasando. No han sabido redimir a las clases más desfavorecidas, han cercenado las libertades y resultaron ser más corruptos que los antecesores. Ahora mismo solo Colombia y Perú son unos oasis en medio del fracaso económico. Dicen los expertos que los norteamericanos se han vuelto a tomar en serio Iberoamérica. Ahí está Cuba como ejemplo. Su última preocupación ahora, pero también la nuestra, es Venezuela. La situación en aquel país bordea el caos. A España le preocupa por muchas razones. Por la histórica hermandad entre los dos países, por los estrechísimos lazos familiares entre ambas comunidades y porque Venezuela puede ser el espejo en que los españoles deben mirarse para tomar la medida exacta a los populistas de izquierdas que ahora florecen por estas latitudes.