RESPETAR LAS FORMAS

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Bajo los disfraces de la nueva política, solo hay eso: disfraces. Lo demás es viejo. Ideas superadas y maneras trasnochadas. Es una de las lecciones ya aprendidas para la campaña electoral que vuelve. Ahora sabemos que una parte de esa clase política recién llegada alberga más ambiciones personales que aquellos a quienes quieren sustituir. Hemos podido comprobar su desprecio a la cortesía parlamentaria e institucional, que es una forma de menospreciar al pueblo. Han sustituido la solemnidad y el respeto de la democracia por modales más propios de tabernas. Y pretenden llamar progreso a todo ello. Se nota la falta de lecturas y el escaso dominio del lenguaje, más allá de imposturas y de esa envoltura de supuesta modernidad con las que reeditan las más caducas expresiones de intolerancia y extorsión política. Parece que los problemas de los ciudadanos se arreglan en las redes sociales y en los platós. Ayer montaron un circo en el templo de la democracia, donde reside la soberanía de toda España, no solo la suya. Porque la democracia también es respetar las formas, las instituciones, los símbolos, los lugares.