ATREVERSE CON LO QUE IMPORTA

aaaEn política no es bueno despreciar. Probablemente, en casi ningún orden de la vida, pero en la pública de manera particular. Lo digo porque la tendencia en el periodismo actual es a despreocuparse de los grandes asuntos, los que tienen calado y repercuten de verdad en los seres humanos. La inmediatez, lo urgente y la luz cegadora de los casos de corrupción relegan a un segundo lugar realidades dramáticas como las de los refugiados sirios, los movimientos migratorios en todo el globo terráqueo, el suicidio demográfico español, la insostenibilidad de las pensiones, la brutal transformación que conlleva el desarrollo digital, por no citar el cambio climático, tan invocado y tan orillado. En ocasiones, dudo que los periodistas estemos ofreciendo lo mejor a nuestras audiencias. En otras, pienso que es el público el que premia lo zafio y vulgar frente a lo trascendente. Tengo claro, sin embargo, que el redactor jefe de un diario no tiene que estar mirando de reojo los estudios de mercado ni someterse a la dictadura de las cuotas de lectores.