¿TODAVÍA EN CRISIS…?

La crisis económica de la que ahora está saliendo España –porque hay otras crisis más graves de las que no parece fácil encontrar solución– estuvo bastante mal diagnosticada allá por el 2008 y totalmente distorsionada en su análisis en el 2011. Todavía quedan restos de humedad y aún no hemos alcanzado el nivel pre crisis, del 2007, y en algunos desequilibrios la recuperación será lenta. La realidad, de todos modos, es que España mejora mes a mes, a pesar de que la oposición política ignora ahora las dificultades sobre las que basó su discurso en pleno ojo del huracán económico. Las familias gastan más, se compran coches, el consumo interno crece, vuelven a subir las viviendas –el ahorro de la inmensa mayoría de las familias españolas–, exportamos más que nunca, crece la inversión extranjera y batimos récord de turistas. El FMI nos sitúa a la cabeza del crecimiento de las economías desarrolladas. Convive todo ello, sin embargo, con el pecado de la deuda, que hipoteca el futuro del país, el punto negro de la fiscalidad confiscatoria, y una oposición dispuesta a embarrar cualquier atisbo de luz.

ELOGIO DEL DESCANSO

Si Dios inventó el descanso al séptimo día, no parece que tenga mucho sentido que Cristina Cifuentes se cargue de golpe, en un acto de dudoso populismo, la idea de las vacaciones. El descanso es algo tan antiguo como el hombre, pero solo adquirió rango de ley y de obligación hace relativamente poco, cuando la civilización se impuso y el sentido común de personas como Bismarck o Churchill, dos revolucionarios de derechas, actuó de locomotora del progreso y sentó las bases del Estado de bienestar. Ahora, sin embargo, como todos los políticos, especialmente los de derechas, andan instalados en la demagógica carrera de demostrar quién es más de izquierdas, aparece la presidenta de la Comunidad de Madrid y renuncia a sus vacaciones, dejando en evidencia a todos aquellos que sí las esperamos con ganas y necesidad. Siempre desconfiaré de los trabajadores, directivos y políticos que están todo el día, toda la semana y todo el año en su lugar de trabajo. Por favor, no más lucecitas nocturnas ni mesiánicas para redimirnos. Ya sabemos hacerlo solos.

LOS LÍMITES DEL DOLOR

Entre las grandes lecciones de la vida, se encuentra el sobrellevar el dolor. No deja de ser una falta de coraje el no enfrentarse al sufrimiento y buscar escape por una vía de tan difícil explicación como suele ser el suicidio. Cuesta entender los pliegues últimos del alma de aquella persona que un día decide quitarse la vida. Cuando eso ocurre, siempre nos preguntamos por qué todavía no sabemos profundizar lo suficiente para llegar al fondo de la aflicción humana. La lucha contra la corrupción en España es necesaria, se está demostrando especialmente eficaz y se debe mantener la tolerancia cero sobre ella. Ahora bien, como sociedad tenemos un debate pendiente acerca de los límites del reproche moral que, a través de los medios, puede llevar al infierno en vida a muchas personas. Tal vez Blesa no tuviese fácil defensa, pero la desproporción con que la Prensa aborda todos estos casos puede provocar situaciones límite que nos sonrojan por la deshumanización y el arrase de costumbres que ya no afectarán al muerto, pero sí amenazan a los vivos.

LA IMPUNIDAD DEL FÚTBOL

También el fútbol debe ser igual ante la Ley. Durante muchos años, el llamado deporte rey y sus protagonistas, en especial la clase directiva, se movieron con una impunidad pasmosa. Les estaba permitido eludir a Hacienda y a la Seguridad Social, se malversaba dinero público, se utilizaban de manera gratuita instalaciones municipales, se pagaban cantidades desorbitadas y ser alto cargo garantizaba quedar blindado para casi todo. Ocurría así porque ellos invocaban la mística del fútbol. Como siempre que hay fechorías, la emoción se imponía a la racionalidad, y las aficiones estaban dispuestas a lo que fuera con tal de que su equipo ganase. Por eso buen número de clubes estaban quebrados y, a pesar de ser rescatados cada diez años, volvían y volvieron a las andadas. Menos mal que el tiempo, inapelable juez, acaba dando la razón a quienes hemos denunciado ese expolio una y otra vez. El deporte es importante para la sociedad española, pero no más que las pensiones, y no por eso las vamos a dejar quebrar. Nadie está por encima de la Ley, tampoco el fútbol.

AVANZA EL DETERIORO

En Cataluña, el deterioro de la democracia y del Estado de Derecho avanza inexorablemente, mientras el Gobierno central espera detener el proceso con alguna carambola kafkiana, que nadie conoce y todos ignoran. Quienes en Cataluña quieren cumplir la ley o muestran su temor a desacatarla son cesados fulminantemente. O bien se van antes de que los echen, como ayer hizo el máximo responsable de la policía autonómica, Albert Batlle. Su abandono es muy significativo. Se marcha asustado, argumentando sin rodeos «motivos políticos». Asistimos a un golpe de Estado en toda regla, con un organismo, la Generalitat, que fantasea con una constitución propia y un país independiente, en un claro delito contra el Estado, su integridad y su legalidad. Mientras, en La Moncloa, parecen tener miedo a utilizar todos los resortes del Derecho para defender a los ciudadanos de quienes nos quieren agredir. La unidad en algo tan esencial tampoco acompaña a la clase política: en un momento de emergencia nacional, Sánchez merendó ayer con el partido comunista pro separatista, Podemos.

DÉFICIT DE AUTOESTIMA

Anda España muy baja de autoestima, y parece empresa complicada levantarle el ánimo, a pesar de que los datos objetivos nos acreditan como uno de los mejores países del mundo. Se echa de menos un discurso afectivo, que convierta la idea y la defensa de España en una causa ganadora. Al actual Gobierno le falta en esta materia determinación emocional y le sobran tecnocracia y cultura funcionarial. Desde que nuestro país perdió su Imperio, y se recuperó mal de la Guerra de la Independencia y peor todavía de la Guerra Civil, el concepto del patriotismo español quedó contaminado, cuando no caricaturizado o reprobado. Los bávaros se sienten muy bávaros, pero por encima de todo están orgullosos de ser alemanes. Lo mismo debería ocurrir aquí con todos y cada uno de los ciudadanos españoles. Haría bien el Ejecutivo de Rajoy en poner en marcha una decidida estrategia cultural donde lo español resultase atractivo -y con los datos en la mano así lo es- para cualquier observador lejano o cercano.

ENTENDER EL DOLOR DE LOS OTROS

El verano de 1997 marcó el principio del fin de ETA. Tanto el secuestro de Ortega Lara como el asesinato de Miguel Ángel Blanco evidenciaron la irracionalidad y barbarie, además de cobardía, que el movimiento terrorista y nacionalista representaba. Y ya se sabe que todo lo que va contra la razón, tarde o temprano, fracasa. La actividad criminal de los etarras llena ya hoy, sin duda, una de las páginas más negras de la Historia reciente de España. Dentro de cincuenta años, se avergonzarán los nietos de muchos artífices, directos o indirectos, de tan enorme indignidad. Aquella contumacia y vesania no merecen más que nuestro desprecio, además de servir para poner en valor la democracia frente a la crueldad y la convivencia frente al odio. Porque el odio es el embrión de la violencia. Por eso toda España clama hoy ante la bajeza moral de Manuela Carmena al evitar homenajear a Miguel Ángel Blanco, ya que en su vil asesinato se escenificó lo imprescindible que es defender nuestras libertades y derechos. Lo que demuestran es lo poco que creen en la democracia y una baja empatía con el sufrimiento humano.

ESTADO DE DERECHO

Tengo muchas dudas sobre la Justicia en España. Supongo que no por ello cometo ningún delito. Entenderán que vea a jueces y fiscales muy humanos, con sus miserias y grandezas. Y estoy convencido de que a la inmensa mayoría de ellos les mueve la buena voluntad. Pero en este país allanan tu casa en busca de un recibo de la luz que el banco devolvió indebidamente, mientras los etarras con más de veinte asesinatos salen a la calle. Los inspectores de Hacienda se llevan hasta el álbum de fotos del bautizo de tu niño, pero no hay narices para enderezar a quienes quieren romper la unidad de la nación más vieja de Europa. Por eso dudo tanto de la Justicia en España. Porque los sumarios se han convertido ya en penas, porque se ha barrido la presunción de inocencia, porque a jueces y fiscales no los controla absolutamente nadie, porque si eres futbolista y famoso cambias la cárcel por una multa, pero si estás casado con la hija del Rey te cae la del pulpo por algo similar. Porque probablemente todos hemos colaborado a que este país sea más injusto que nunca y casi hayamos volado el Estado de Derecho.

UN SILENCIO VERGONZOSO

Algo estamos haciendo mal en España cuando las minorías vociferantes, y a veces violentas, se imponen sobre la inmensa mayoría silenciosa y acobardada. Los de la CUP tienen prácticamente secuestrado al supuesto nacionalismo moderado. Su última ocurrencia consiste en convertir la catedral de Barcelona en un economato. Lo de la ikurriña ilegal en el balcón del Consistorio pamplonés durante el Chupinazo es el enésimo ejemplo de cómo un fanatismo separatista suplanta a la voluntad general. En Pamplona ganó las elecciones UPN con diez concejales, Bildu sacó la mitad, cinco; igual que Geroa Bai. Resultado: desgobierna Bildu. Lo mismo ocurre en la Comunidad foral. Ambas instituciones están presididas por quienes no fueron los más votados. Mientras, en Venezuela, los amigos de Podemos escriben una de las páginas más tétricas y trágicas de este siglo. Ellos, al parecer, no tienen nada que decir. Como carecen de opinión cuando ahorcan a homosexuales en Irán. En política no vale todo. La extrema izquierda de Pablo Iglesias tiene mucho que explicar, pero calla vergonzosamente.

LECCIÓN DE CONCORDIA

El tiempo es juez inapelable que suele impartir Justicia, además de hacer estragos físicos en el cuerpo y en aquel recóndito lugar del alma donde se guarece la gratitud. Ayer, gracias a esta Casa, los tres ex presidentes vivos del Gobierno de España pusieron en valor la idea civilizadora y democrática de la convivencia. En estos tiempos de inquietudes y dudas, merece especial reconocimiento la capacidad de tres hombres de Estado de sentarse a reflexionar, cada uno con su experiencia a cuestas, acerca de nuestro país y su circunstancia. Fue un hecho histórico: la primera vez que tres primeros ministros españoles comparten ideas y pensamientos públicamente. Su diálogo resultó casi balsámico, en un momento político en que prima una sucesión de batallas orientadas más al desgaste del rival que a la solución de los enormes problemas estructurales de España o la puesta en marcha de las reformas que necesita. Siendo, como son, jarrones chinos, González, Aznar y Zapatero demostraron ayer que existen más razones para estar unidos que para abandonarse en el desánimo.