MOCIÓN DE CENSURA

titeres

Cuando abusas de la impostura, se vuelve en tu contra. Lo sabía bien el viejo Santiago Carrillo, cuando advirtió a los suyos de que recurrir con demasiada frecuencia a las herramientas de protesta que la democracia contempla termina convirtiéndolas en acciones estériles. Iglesias Turrión, de nombre Manuel Pablo, no tiene ni las lecturas ni la experiencia de Carrillo y se desliza, semana tras semana, en su empeño por forjarse un liderazgo basado en un guión de cartón piedra, más propio de una película de Disney que de una oposición moderna en una democracia estable. Su iniciativa se orienta antes a ahondar en el desconcierto de la sociedad española, asombrada por la ingobernabilidad desleal que padecemos, que a remediar por la vía institucional esta nueva epidemia mediática, según la cual España está mucho peor que hace quince días. Todo pura pantomima. Iglesias es plenamente consciente de que los otros cráneos privilegiados del Congreso no le ayudarán a formar un Gobierno populista que deje a España descalabrada para un largo período de tiempo, cuya salida no atisbemos ni usted ni yo. Todo en él es simulación.

EMBRIÓN TOTALITARIO

prescindencia

Es preocupante el autoritarismo que evidencian los últimos comportamientos y declaraciones del populismo emergente en España, ya sea versión independentista -Lluís Llach- o extrema izquierda comunista -Irene Montero-. En un caso y en otro, dejan patente su fobia a la libertad; su descarada falta de respeto a la opinión del otro. Es el odio al adversario, convertido en enemigo al que se niega el pan y la sal. Los ademanes sectarios -raíz del totalitarismo- de quien siente asco hacia quien no piensa como él. Así hemos encontrado a la dirigente de Podemos, exigiendo ocupar en una cadena privada de radio una cuota inexistente, como si estuviese regulada en algún código mercantil. En cuanto al independentismo catalán, ¿qué más tienen que hacer para que se les frene? Este miércoles aplaudieron a su diputado-cantante, que aboga por represaliar a quienes no cumplan la ley ilegal de desconexión. En definitiva, muestras inequívocas de una concepción absolutista de la vida y de la política. No digamos que no nos avisaron.

ASUMIR RESPONSABILIDADES

avisando al barco

El malestar de gran parte de la opinión pública como consecuencia de los últimos escándalos de corrupción es perfectamente comprensible. El ambiente es espeso. Esa corrupción ya existía. Lo nuevo es la constatación por parte de la ciudadanía de que el Estado de Derecho funciona y de que el que la hace la paga, aunque yo creo que no siempre es así. Ahora bien, una cosa es criticar al PP por los abusos cometidos en su seno, y otra es hacer una enmienda a la totalidad sin alternativa y en nombre de una quimera, cuando no se está planteando la quiebra del actual modelo democrático. Eso, en gran medida, es lo que está ocurriendo aquí y lo que provoca esa obsesiva exigencia de explicaciones a Rajoy, cuando son justamente sus enemigos interiores, aupados y jaleados en su día por las terminales mediáticas que ahora forman parte del coro de escandalizados. Un Partido Popular unido y fuerte en torno a su presidente es una de las mejores garantías de una estabilidad política necesaria para esa España que vuelve a crecer por encima de la media europea. No juguemos de nuevo con el pan, y que cada uno asuma su responsabilidad.

…Y SI SE EQUIVOCAN LOS FRANCESES

ruleta rusa

En Francia también votamos el resto de los miembros de la UE, aunque no tengamos derecho a ello. Las elecciones de hoy son trascendentes para Francia, pero también para todos nosotros. Porque como Le Pen puede cantar victoria, no es solo que con ello persiga restaurar la desastrosa República de Vichy –poblada de ciudadanos de pura raza francesa– sino que además se empeñará en cumplir su promesa de abandonar la UE y el euro. A Francia, en algunos aspectos, le ocurre lo mismo que a España, el populismo no quiere la alternancia en el poder; sencillamente, se quiere cargar el sistema. A ello le ayuda una opinión pública superficial y espectacularizada que trabaja con todo empeño a favor del populismo. Los matices parecen no importar: entre la vieja derecha estatalista y nada liberal, el progresismo yupi y los monolíticos sindicatos, han colocado al país vecino al borde del abismo. Ojalá no se equivoquen los franceses. Porque en esta ocasión todos nos jugamos mucho. Nos apasiona la ruleta rusa, y de alguna manera se ha perdido la orientación democrática.

LA NUEVA POLÍTICA EN FRANCIA

pelea gallos

Al ser humano en general le fascinan los abismos. Solo así se explica que en la vecina Francia se debatan entre votar a la extrema derecha o a la extrema izquierda. Y como el país vecino, desde que hizo la Revolución francesa –fraternidad, igualdad y libertad–, en muchos casos fue por delante, sería bueno que aprendiésemos a mirarnos en su espejo, para preguntar qué nos pasa y cómo podemos evitar el caer en los precipicios políticos y sociales a los que suelen arrastrar a los seres humanos las opciones políticas extremistas (Historia dixit). Esos abismos ya tienen referencias inmediatas. Solo hay que mirar hacia Venezuela, uno de los países más ricos del mundo, que no tiene pan en las panaderías, aunque bate el récord de generales en activo, nada menos que 1.500. También están Beppe Grillo en Italia, Puigdemont y Artur Mas en Cataluña, Wilders en Holanda, Petry en Alemania, Nigel Farage en el Reino Unido y, por supuesto, Iglesias Turrión en España. ¿Qué hemos hecho mal para que los rezagados de la clase se vengan arriba y estén a punto de arruinar a sus respectivos países?

…Y LA NAVE VA

shipalong

La luz cegadora de los casos de corrupción nos obliga, en ocasiones, a distraernos del discurrir cotidiano del resto de la ciudadanía. A dejar aparcado lo importante en favor de lo urgente. Y siendo muy grave la corrupción, sería aun peor que existiese y no fuese perseguida, o que la división de poderes en España no se manifestase, al margen de la ganancia de pescadores oportunistas y populistas. Porque en este país que algunas televisiones reducen a la caricatura maloliente de la malversación política -y ya escribimos muchas veces que terminaría volviéndose contra ellas-, la vida continúa con su inexorable caminar: se entrega el Premio Cervantes a un magnífico y simpático escritor español, nacido en Cataluña; se conmemora un cuarto de siglo de la inauguración de la Expo de Sevilla, la economía crece por encima de lo estimado, y la subcultura de la queja se va reduciendo a la otra trama de acusadores, en la que se entremezclan populistas sobrevenidos con aprovechados de derechas junto a los eternos socialdemócratas, que en nombre de la democracia aprovechan cualquier fallo de las personas para cuestionar el sistema. Y el sistema va.

SERENIDAD

captain

A la vida política española le falta serenidad. Todos tenemos cierta cuota de responsabilidad en esta tormenta emocional que nos afecta. Aunque unos más que otros. La Historia, como el tiempo, colocará a cada uno en su sitio, como ha hecho inexorablemente a lo largo de los distintos períodos del discurrir del hombre. Mantenerse paciente y flemático no siempre es fácil, aunque sirve para forjar un carácter. Mariano Rajoy, que está creando escuela en ese sentido, tal vez necesite doble ración de estoicismo y sobredosis de serenidad. Cuando la acusación popular busca sacar otro rédito distinto al de hacer justicia, el aplomo tiende a flaquear. Estamos en el todo vale. Buena prueba de ello es el bus de Podemos, otra demostración de la falta de respeto a los derechos ajenos. En su día hostigaron a ciudadanos en sus domicilios, acosaron la sede de la soberanía nacional, el Parlamento, y ahora asedian el honor ajeno con el autocar. Es todo lo mismo, totalitarismo de manual que sobrevive gracias a unos medios de combate de extrema izquierda, insólitos en toda Europa.

EL DISFRAZ DEL CÍNICO

fools-fashion-864

Primero dijeron, como Hugo Chávez, que estaban contra «la casta». Y como Chávez, imitaron lo peor de ella; el nepotismo. Colocaron a sus maridos y novias, especularon con viviendas sociales, se entregaron a las mariscadas que esquivan a los parados, cobraron por no trabajar, vuelan en business, se escaquean ante Hacienda, dicen un cosa y hacen la contraria, y envuelven de democracia asamblearia lo que no es más que un viejo y soviético culto al líder, que roza la náusea. Ahora han descubierto «la trama». Y su supuesta denuncia no consiste en mayor aportación que mostrar los pecados de una economía libre que ya pasa por los juzgados cada vez que el radar de la Policía y la Justicia detecta irregularidades. La experiencia nos dice que, cuando ellos tocan poder, su trama se instala y ese fiscalizador, que se llama división de poderes en democracia, deja de funcionar. La historia, que sigue siendo necesario estudiar sin adulteraciones, enseña que los cínicos, cuando conocen bien su trabajo, terminan simulando ser honestos y hasta alcanzan la osadía de denunciar a los demás. Acabarán siendo trama.

LA PELIGROSA SIMPLEZA POLÍTICA

vandalos

España acusa un proceso de deterioro del orden público desde las propias instituciones. Contribuye a ello la inmensa mayoría que, con la mansedumbre tonta de siempre, prefiere mirar para otro lado antes que pedir que se cumpla Ley. Ignoran, y tal vez ignoramos, que siempre que en la Historia los mansos no quisieron enfrentar de cara las infamias y las injusticias, terminaron degollados por la minoría violenta. Escribo a propósito del alcalde de Cádiz y su impostura moral, además de ilegal, de izar una bandera republicana en medio de una rotonda de la ciudad. Lo que me preocupa es que no es la excepción. Invocando a la sacrosanta libertad, hemos decidido que podemos hacer lo que nos dé la gana. De esta manera, todo lo que en democracia creíamos asentado sobre consensos de complicada y enrevesada construcción se tambalea al socaire de chuscadas y atrevimientos impregnados de simpleza mediática e irresponsabilidad política. Pensábamos que no habría Brexit, y ahí está. Hasta puede ocurrir que la abundancia se trueque en miseria. Y será por nuestra culpa.

REINVENTAR EL PASADO

reinventar

Que nadie caiga en la necia tentación de ser condescendiente con ETA. Lo mejor que se puede hacer es escribir con rigor la historia de la victoria del Estado de Derecho y de la democracia sobre los asesinos. El mínimo tributo que podemos ofrecer a las víctimas y sus familias. No cometamos el error de mirar para otro lado cuando algunos traten de reinterpretar el relato de un infierno en el que los terroristas mataban de manera vesánica y contumaz, y el resto de la ciudadanía ponía los muertos. A ETA la derrotaron las Fuerzas de Seguridad del Estado, la Justicia y quienes se opusieron al trapicheo impúdico envuelto en la parafina de diálogo progresista. Tras tantos años de combatir el mal, los demócratas de buena voluntad deberíamos sacar la enseñanza de que solo se vence con principios y con la Ley. Valga, por tanto, ese paradigma para los otros desafíos que, desde la impostura moral de unos falsificadores, se plantean al conjunto de los españoles. Por favor, que nadie falsifique el pasado. Tal vez sea este uno de los mayores problemas actuales de España: la reinvención de su propia historia.