LA JAURÍA

Prolifera en España una jauría que destroza reputaciones y trayectorias profesionales. Tiene razón Màxim Huerta cuando la denuncia, pero se equivoca al situarla a un solo lado del espectro político. Desgraciadamente, esa retórica que Sánchez y los que le apoyaron utilizaron para auparse al poder con solo 84 escaños es la misma que se volverá contra ellos. Acaso creen los socialistas que los demás ni sangran ni les duelen sus heridas. Tal vez confían en mantenerse ajenos a la pulsión inquisitorial que también ellos han fomentado: agitaron con gusto a una justiciera sociedad española que clama cada mañana, en radios y televisiones, por ejecuciones simbólicas e inmediatas en la plaza pública de los medios. Dice Joaquín Leguina que para ser político hoy se requiere ser tan virtuoso como la Virgen María. Bastaría con que se serenase a la ciudadanía y valorásemos más a quienes están dispuestos a comprometerse con el servicio público. De todos modos, hace años que hemos expulsado a los mejores de la política. Por eso pasa lo que pasa. La jauría está con sus dientes afilados en las dos orillas del río.

DESDRAMATIZAR

La actualidad es caótica, y en los periódicos tendemos a ordenarla. Ayer fue una jornada de esas en las que las redacciones van de sobresalto en sobresalto. En realidad, llevamos una temporada en que no hay día sin su afán ni sin noticia de relumbrón. Los países con democracias normales tienden a ser aburridos. El nuestro resulta divertido en exceso. El miércoles comenzó con Màxim Huerta como ministro con antecedentes por fraude fiscal y concluyó con José Guirao en su cartera de Cultura. Por el medio, Lopetegui fue destituido como seleccionador y Urdangarin ya sabe que irá a la cárcel antes de cinco días. ¿Alguien da más? Es así la trepidante actualidad de una sociedad marcada por la velocidad. Aprendamos, de todos modos, a desdramatizar. Ese sentido trágico de la vida, tan español, deberíamos erradicarlo de nuestra cotidianidad. Nada trascendente ocurrió ayer. En la duda, libertad. Y ayer buena parte de España quedó instalada en la perplejidad. Las penas y vacilaciones de hoy, desde lejos y con el paso del tiempo, ni tristezas son. Veamos qué nos trae el nuevo día.

LA DEMOCRACIA ES MÁS

¿Hay que darle cien días a este Gobierno? Es una regla no escrita. Lo que no puede negar Sánchez es que su gobierno no ha sido maltratado por la prensa. Sus terminales mediáticas muestran un entusiasmo de tiempos pretéritos. Alabanzas más propias de otros sistemas blindados a la crítica. El resto han sido muy considerados. Es lo que hemos llamado «efecto Borrell». Ahora toca empezar a gestionar de verdad, más allá de detalles calculados, envueltos en la parafina de la demagogia. Por ejemplo, es increíble que de diecisiete ministros ni uno solo estuviese ayer en el Congreso, cuando se debatía sobre violencia machista. Pero no se preocupen. A la izquierda se le perdona todo, incluidos los ERE andaluces y mangancia diversa. Es el problema histórico de España. Una parte cree que la otra parte no está legitimada ni para gobernar ni para hacer periodismo, ni para nada… La democracia no empieza cuando se gana una perversa moción de censura ni termina con un Gabinete de probeta. La democracia es mucho más. Entre otras cosas, respetar la libertad del contrario a pensar y decir diferente.

CORTINAS DE HUMO

Este Gobierno, que no hemos votado ningún español, va a poder abordar pocas cuestiones trascendentales. Se quedará con el «antisocial» presupuesto de la derecha, incluido el muy diestro PNV. No acometerá una reforma laboral, porque también quiere contentar a los empresarios. Tendrá muy complicado hacer nada con la Constitución, por no señalar las contradicciones en cuestión de horas de la ministra Batet. Así que solo le quedará el agit-prop durante el tiempo que el viento de cola de la economía vaya actuando de bálsamo social. Con toda probabilidad, será un gobierno instalado en la superficialidad. Si no, al tiempo; porque en democracia podrás llegar a ocupar el poder por una moción de censura, pero será muy difícil que administres pensando en el bien común cuando solo sumas 84 escaños y no eres la lista más votada por el pueblo soberano. Por eso prepárense, porque este Ejecutivo de cálculo y el PSOE, desde Ferraz, se dedicarán a levantar cada día una cortina de humo, sin descartar ciertos desprecios a derechos elementales de la ciudadanía.

VOLVER A EUROPA

A este Gobierno, a diferencia del de Rajoy, le sobra literatura y le falta precisión. El problema es que una democracia no se gobierna con mística. Eso es más propio de otros regímenes. La fabulación en los países libres tropieza con la realidad y al ciudadano le suele irritar que le tomen el pelo. Decir ahora que España vuelve a Europa es un insulto a la inteligencia. O ¿dónde estaba Nadia Calviño? ¿Tal vez jugando con los presupuestos de Vietnam? A lo mejor es que Elena Valenciano anda despistada por un parlamento boliviano. Hasta puede que Guindos en realidad sea el vicepresidente del Banco Central de Kenia. Mariano Rajoy si en algún sitio estuvo, fue en Europa. Nuestra política monetaria la marca el BCE. La obsesión por el déficit viene de Bruselas. La PAC hace años que afecta a los agricultores españoles. Pregúntenles a los ganaderos gallegos y su cuota láctea a ver si estamos o no en Europa. Volvamos al sentido común y abandonemos la fabulación.

LOS PERDEDORES

En esta moción de censura, por la cual un partido con apenas 84 escaños ha logrado formar un gobierno sin pasar por las urnas, hay claramente un ganador y tres perdedores. Ciudadanos, Podemos y PNV, cada uno a su manera y por distintas razones, se han metido un gol en propia puerta. Los triunfadores son los socialistas, que van a tener la oportunidad de hacer electoralismo durante casi dos años de gobierno. También sale bien parado el bipartidismo. De nuevo, en la liza de las próximas elecciones generales, la disputa será entre PP y PSOE. Los otros actores jugarán un papel secundario. El PP, que fue el teórico derrotado, tiene ahora la oportunidad de rearmarse moral y políticamente, con un nuevo liderazgo y afrontar así las próximas consultas. Hasta tal punto es así, que, muy probablemente, en las próximas generales, vuelvan de nuevo los populares a ser la fuerza más votada. Ciudadanos se precipitó. Podemos será el caladero en el que más pesque el PSOE que gobierna, y el PNV no calculó suficientemente bien hasta dónde pueden mantenerse sus privilegios y los añadidos. En ocasiones tienen que ocurrir cosas malas para que vengan otras mejores.

EL EFECTO BORRELL

Acertó Pedro Sánchez cuando comunicó su primer nombramiento: Josep Borrell como ministro de Asuntos Exteriores. Un hombre sobradamente formado, con experiencia en muchos y distintos ámbitos y que se ganó la simpatía de casi toda España por su posición ante los independentistas. A partir de ahí, se sucedieron designaciones sensatas. Tampoco nada del otro mundo. La sorpresa en realidad radicaba en que se esperaban personajes de bajo perfil, cercanos al podemismo, trufado todo ello con alguna ocurrencia tipo Zapatero, que, efectivamente, llegó al final. Es un Gabinete que representa el fin de la austeridad del dinero público. Se crea más estructura de gasto. Los ciudadanos lo que pedimos y deseamos es que acierten. Lo mejor para un país es que los que te gobiernan no cometan errores. Heredan una España más rica, más serena y con mejor porvenir que la de 2012. Por tener, tienen hasta los pantanos llenos de agua y harina en la despensa. Ahora solo falta que estuviesen respaldados por el voto de la ciudadanía. Que no lo están, por primera vez en la democracia.

UNIDAD

Unidad es la palabra mágica que en los próximos tiempos se va a utilizar en el Partido Popular. El relevo de Mariano Rajoy puede traer malas consecuencias si se cae en el cainismo y en la división. Uno de los grandes logros del último cuarto de siglo, obra de Manuel Fraga, es la unidad del centro derecha político. Es legítimo tratar de concursar en la carrera por el liderazgo, pero si en esa pugna se quiebra la armonía y fortaleza que ese partido tuvo estos años, cometerán un grave error y un flaco servicio a la democracia española. De ahí que deben orillarse agrios enfrentamientos y sobre todo personalismos, tanto nuevos como pasados. El lodo en el que tuvo que chapotear el PP estos años tiene un origen bien claro. Así que, mejor aprender del pasado, mirar para delante, buscar un buen líder y poner en valor todo lo que se ha hecho en estos siete años de Gobierno. El juego de la alternancia volverá de nuevo, sobre todo cuando no se le hurte, como esta vez, la soberanía al pueblo de decidir quién le gobierna. Para entonces el PP debe estar unido, fuerte y renovado.

VOCABULARIO

Las palabras no son inocentes. De hecho, son el mismo material con el que se puede hablar de amor o de odio. Con las mismas palabras se puede escribir una comedia o una tragedia. Ahora que estamos a caballo de ambas, verán cómo vuelven a aflorar algunos vocablos aplicados a la política, que solo cobran sentido cuando la derecha le hace oposición a la izquierda. Escucharán pronto hablar desde el PSOE de que el PP regresa a la crispación. En el PNV hablan de venganza. Están los nacionalistas vascos para dar lecciones morales. El vocabulario escogido por Podemos es «revanchista y hostil». ¡Quién fue a hablar de revanchismo y hostilidad!. Ahora bien, nada de esto es neutral. El lenguaje no lo es. Al contrario, es la envoltura del ánimo moral y del pensamiento de cada uno, antesala de la acción. Que no vuelva a caer la derecha española en la trampa del reproche de la crispación. Cuando eso ocurra, visionen unos cuantos vídeos de Irene Montero para entender bien lo que es una cosa o la otra. Orwell, que ya nos advirtió de muchas amenazas, nos recuerda que «el lenguaje también puede corromper el pensamiento». Y ahí está ya instalada la izquierda.

INMERECIDO

Mariano Rajoy no se merecía terminar su etapa como presidente del Gobierno de esta manera. Su figura se agrandará a medida que pasen los meses, porque, más allá de los inevitables errores que toda obra humana tiene, su comportamiento estuvo siempre presidido por la buena voluntad, el interés general y un acusado sentido del servicio público. Es curioso cómo algunos en sus ajustes de cuentas quieren en esta hora cebarse contra Rajoy. Atreviéndose incluso a llamar pelotas a quienes no piensan como ellos. Pero hoy no es el día de una cosa ni de la otra. La conmoción de la opinión pública española, que ha comprobado cómo por primera vez va a gobernar quien no ganó las elecciones generales, es tal, que conviene dejar al menos alguna cosa clara. La moción de censura es legítima, pero esta es incoherente. Como es indecente por parte de Sánchez desdecirse ahora de todo cuanto afirmaba apenas hace quince días, presupuestos incluidos. Finalmente, que nadie olvide que es histórico, para mal, gobernar con el apoyo de proetarras e independentistas. Hasta hoy no lo había hecho nadie. Toda una deslealtad a la Constitución.