SOLUCIONES ESTÉRILES

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En ocasiones creo que esa frívola manera socialista de acercarse al problema territorial de España es una especie de huida hacia adelante, que como todas las espantadas no lleva a ninguna parte. Lo preocupante es que esa solución ya no le suena mal al PP de Rajoy. Una cosa es el talante dialogante, y otra muy distinta abrirse a una reforma de la Constitución que, cuando se aborde tras el Congreso del PSOE, no aliviará ningún dolor de cabeza. El denominado «inmovilismo de Rajoy», referido de manera especial a Cataluña, no era otra cosa que el estricto cumplimiento de la Ley en defensa de la mayoría. Confieso que desconfío de esa posible vía socialista, sobre todo porque el grueso de los españoles, votantes de izquierda incluidos, no la piden. Sale de laboratorios políticos, no de la sociedad. Al menos en su planteamiento inicial, estamos ante algo innecesario y, por tanto, ante un error. El independentismo no se cura con cesiones; se vence por la fuerza de la razón democrática que nos hace a todos iguales. El secesionismo solo crece cuando percibe debilidad en los demócratas.

LA ECONOMÍA DEL IDIOMA ESPAÑOL

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El idioma español goza de buena salud. Lo hablan ya más de 550 millones de personas y su crecimiento es imparable. Fruto de esta pujanza se sitúa como la segunda lengua de comunicación en la red y quienes la emplean representan una capacidad de compra del 10% del PIB mundial. Pocas herramientas tan potentes posee España. De ahí que parezca bastante estéril la polémica que resulta de instrumentalizar políticamente los idiomas cooficiales. Pueden seguir intentándolo. Solo cosecharán melancolía. La irrefrenable expansión del castellano viene acompañada de su repotenciación económica: los intercambios comerciales entre países hispanohablantes se multiplican cerca de cuatro veces. México, EE.UU. y Colombia ya suman más ciudadanos que lo utilizan que la propia España. Más de 20 millones de personas lo estudian sin ser su lengua materna. Solo hay que observar la fortaleza y la juventud de Colombia para entender el tesoro maravilloso que los españoles tenemos con nuestro idioma. Gracias, en gran medida, a ese ejemplar vasco llamado Blas de Lezo.

EL TIEMPO EN MEDELLÍN

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El accidente aéreo que se ha llevado la vida de casi todo el equipo brasileño del Chapecoense me coge justamente en Medellín, Colombia, en el lugar de los hechos. Llueve sobre esta pujante ciudad, donde un grupo de periodistas reflexionamos sobre el irrefrenable progreso de nuestro idioma. Medellín mantiene su pulso impetuoso, a pesar de la tragedia. La vida y el tiempo pasan aquí volando, como en Madrid, como en Bilbao. El tiempo es el material con el que se construye la vida, sobre cimientos de afecto y odio, tan frágiles cuando nuestra existencia se termina de manera abrupta, sin explicación. El Chapecoense era una de las revelaciones del fútbol sudamericano. La gloria efímera de la «cancha» se tropezó de nuevo con el sino. Con el azar. O con Dios… En todo caso, estamos ante nuestro destino, del que ignoramos casi todo, incluido el día que nos iremos. La muerte siempre es de otros. Cuando ocurre lejos, parece que no va con nosotros. 71 víctimas en las cercanías del aeropuerto de Rionegro, y la vida sigue, el tiempo pasa, la muerte acecha. Y sigue lloviendo en Medellín.

LA HISTORIA NO LO ABSOLVERÁ

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Fidel Castro ha muerto, y el mundo sigue siendo igual. Nada trascendente ha ocurrido. Cuba está todavía peor, en manos de una dictadura familiar y militar, a la que el comunismo le sirve de disculpa. Que descanse en paz y que la tierra le sea leve. La historia no lo será con él, ni mucho menos lo absolverá. Desde hace más de sesenta años, los Castro, cual estirpe de sátrapas de la peor especie, mantienen en un régimen dictatorial a más de doce millones de personas que ansían huir de su país. Tanta propaganda de una medicina admirable o de una educación para todos no resiste el más mínimo contraste. Quienes hemos tenido la oportunidad de pisar aquella querida isla, hemos podido comprobar la calamitosa existencia que padecen los cubanos. Frente a tanta miseria, un reducido grupo de oligarcas comunistas, casi todos vinculados familiarmente con los Castro, maneja a su antojo el territorio. La muerte nos iguala a todos. Será la historia quien ponga a Fidel en su justo lugar, y no creo que resulte demasiado lustroso. Los cubanos se merecen, tras seis décadas sin salida, conocer la vida en libertad.

UNA ESPAÑA BIEN EDUCADA

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La España del futuro merece estar poblada por habitantes bien formados. El consenso de que la educación es trascendente para las personas podemos extenderlo a los beneficios para el conjunto de la sociedad. De ahí la relevancia del sistema de enseñanza para cualquier comunidad o país. En la España de los últimos cincuenta años, tan solo hubo dos modelos: el de Villar Palasí, en el final del franquismo, y el de José María Maravall, que con sucesivos retoques ha llegado hasta el momento presente. Es decir, en medio siglo, los españoles nos hemos ido instruyendo con un sistema educativo franquista y otro socialista. El Partido Popular, pese a gobernar más de doce años, ha sido incapaz de probar o demostrar siquiera alguna de sus recetas educativas. Tras hacer tabla rasa Zapatero con el intento de Pilar del Castillo, de nuevo los populares pierden ahora otra batalla en el mismo campo. Al margen de la lucha partidista, lo verdaderamente importante es que los españoles que lideren el futuro tengan adecuada cualificación, que sean más cultos, más competitivos y, probablemente, más felices.

BLACK FRIDAY

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No todos los negros que nos rodean -climáticos y políticos- tienen carácter negativo. Hoy es un buen ejemplo de ello. La importación del Black Friday, más allá de ser una nueva muestra de nuestra permeabilidad a las modas americanas, viene a demostrar la facilidad con que sustituimos nuestro viejo calendario y santoral por iniciativas más prosaicas. Puede ser hasta un ataque a nuestra cultura. Pero no nos pongamos dramáticos. Detrás de los carteles y anuncios de agresivos descuentos con que nos inundan este viernes, se encuentra otra forma de activar el consumo. En todo caso, nos opongamos o no en el campo intelectual, este tipo de campañas se va imponiendo a causa de este tsunami silencioso que todo lo remueve y que se llama internet. La irrefrenable y compulsiva fiebre compradora que hoy viviremos también en España no es tanto una importación yanqui, como la evidencia de que el universo digital, tan positivo en tantas cosas, uniformiza en exceso. La globalización está aquí, viva la diferencia. ¿Se atreverá usted a no comprar este fin de semana?

HACER JUSTICIA

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Rita Barberá no se merecía este final. Jamás predicaré la impunidad de los poderosos, pero sí la presunción de inocencia, además de criticar el acoso mediático al que se somete de manera muy singular a los políticos. De paso, no estaría mal que esa sensibilidad inquisitorial que acompaña a esta España del populismo rampante intente ayudar a la Justicia a trabajar en condiciones de normalidad, alejada del precipicio que no pocas veces rodea, con más de un juez bajo sospecha. Se evitaría así que la investigación de los hechos se convierta en carnaza de programas tomateros que, antes de conocer sentencia alguna, dejan destruidas a las personas afectadas. La luz cegadora de la corrupción nos está llevando a equivocarnos en nuestra mirada y en nuestras buenas intenciones, hasta proyectar como un estercolero la que debería ser la más noble de las dedicaciones. Al final de la vida, solo queda lo que quisimos y lo que nos quisieron. Rita quiso mucho, ya no sé si la quisieron tanto. Más allá de los inevitables errores de cualquier ser humano, no se ha hecho justicia con ella.

CERTEZAS DEMOCRÁTICAS

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En tiempos de dudas devoradoras, buenas son algunas certezas. Tal vez el auge del populismo -nacionalismo incluido- resida, precisamente, en la seguridad con que exponen sus errores, mientras los demócratas se baten en retirada con su pensamiento gaseoso, alejados de la defensa de sus convicciones. Por ejemplo, sería bueno recordar que todos somos iguales ante la Ley, que un hombre es un voto, que gana la lista más votada, que los derechos humanos están para ser salvaguardados, que la propiedad privada no puede ser usurpada de manera arbitraria, que solo se pueden hacer reformas dentro del marco legal y de la Constitución, que nacer en un determinado territorio no te hace ni mejor ni peor, que hay que respetar a las personas aunque no se compartan sus ideas, que la libertad consiste en poder decir lo que a otros no les gusta, que ser ciudadano es más que recibir, que la pluralidad de pensamiento enriquece la convivencia, que el Estado de Derecho te ampara a ti, pero también a mí. Finalmente, qué malos tiempos son aquellos en los que hay que volver a pedir el consenso acerca de los materiales sobre los que se construye una democracia.

OTRO ERROR SOCIALISTA

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Con más frecuencia de lo deseable, nos asalta la duda acerca de la naturaleza real del PSOE de nuestros tiempos. Su fascinación por un nacionalismo foralista y retrógrado contrasta con la náusea que le produce pactar con un partido constitucionalista y moderno que defiende la igualdad de los ciudadanos, como es el PP. Esa alergia socialista a las siglas que le permitieron hacer lendakari a Patxi López no deja de ser una anormalidad política que deriva en su entrega a la derecha antiespañola del PNV. La moderación de estos nacionalistas consiste en que no son Bildu, pero su ingeniería social está orientada a cercenar todo aquello que suene a español. Bien es cierto que pocas cosas más españolas que las esencias vascas. Escribir y denunciar estos hechos es un ejercicio políticamente incorrecto. Por fortuna, todavía hoy se puede decir lo que muchos no quieren oír. Los socialistas vuelven a equivocarse. No tanto por pactar con Urkullu como por renunciar a un ilusionante discurso para los 47 millones de españoles, todos libres e iguales ante la Ley.

LA CANDIDATA MERKEL

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Una de las muchas razones por las que Angela Merkel me resulta admirable es su actitud valiente y generosa ante la avalancha de refugiados sirios en su país. Ha sido la mayor evidencia de que no es el monstruo «comeniños» que la izquierda europea nos quería caricaturizar cuando la descalificaba por su rigor en las cuentas. Son dos aspectos bien distintos, que demuestran que se puede ser estricto en el presupuesto y compasivo en lo esencial de la condición humana. Ahora, Merkel anuncia que se vuelve a presentar a la reelección. No lo tiene fácil, ya que el populismo de derechas también drena su caladero de votos, sobre todo gracias a la perversa instrumentalización del drama de los inmigrantes. Su naturaleza política la enzarzará de nuevo en una contienda donde sus propuestas serán incómodas pero necesarias. Por eso se confirma como la única dirigente de dimensión europea. No para relegarnos al patio de atrás de Alemania, sino para defender un proyecto de igualdad, con derechos y deberes, para lo que vaya quedando de la UE tras el paso de populistas y nacionalistas.