FUERA ES FUERA

fuera
Pretender que una decisión excepcional, como la de Gran Bretaña de abandonar la UE, no tenga consecuencias de igual calibre refleja una ceguera suicida frente al resquebrajamiento de Europa. Los británicos, a tenor del contenido de la carta que activa el Brexit, buscan seguir disfrutando de todo lo bueno de la UE -en especial, del máximo acceso libre a su mercado único-, pero sin poner un euro ni someterse a sus leyes. Sería algo así como una cobarde adaptación del proyecto común a sus exigencias, que además los euroescépticos terminarían imponiendo para otros países. Es decir, las cesiones al nacionalismo y al populismo se cargarían el sueño europeo. Por eso es bueno que quede claro que quien quiere estar fuera de la UE está fuera, con todas sus implicaciones. En Europa vivimos tan sólo el 6 por ciento de la población mundial. Representa el 20 por ciento del PIB global y en su Estado del bienestar se invierte el 60 por ciento del gasto social de todo el planeta. Pertenecer a este exclusivo club implica un coste y el que sale lo hace a todos los efectos. Te lo digo Juan para que lo entiendas Pedro.

LA INTUICIÓN DE SUSANA

susana ojo
Susana Díaz es un animal político de enorme tamaño. Que nadie se la tome a la ligera. Tal vez no tenga la formación intelectual de Felipe González o de Alfonso Guerra, pero posee la virtud de saber llegar a la gente. Su gestión al frente de la Junta de Andalucía no la avala para hacerse con el Gobierno de España, pero posee mucha más experiencia de gestión que su verdadero rival en las primarias, Pedro Sánchez, ya que me temo que Patxi López tiene muy poco que rascar. Susana es una mujer con determinación, a la que acompaña una intuición política que en muchas ocasiones es más eficaz que un doctorado en la materia. Es la respuesta perfecta que el socialismo español puede confrontar con el populismo rampante de la extrema izquierda. De momento, su primer asalto consiste en derrotar a la versión meliflua de ese populismo, representada por el anterior secretario general. Es el sparring con el que la lideresa andaluza va a hacer guantes para dar batalla por La Moncloa. Todavía tiene una larga lista de tareas pendientes, pero mucho me temo que al PSOE, o lo salva Susana, o nada tiene que hacer en el futuro inmediato de este país.

UN CUMPLEAÑOS PARA PENSAR

CEE roma
El proyecto de ciudadanía que representa la Unión Europea, de cuyo tratado primigenio hoy conmemoramos nada menos que 60 años, sigue siendo una de las mejores ideas de cooperación entre los hombres. En pocos lugares del mapamundi, por no decir en ninguno, encontraremos un acuerdo entre distintos países que, tras matarse durante centurias, deciden vivir en una sociedad pacífica y libre, además de cooperar para mejorar la convivencia y el bienestar. Ahora bien, esa idílica realización tropieza con tercas realidades, que evidencian que los europeos resolvemos buen número de conflictos renunciando a los principios que han hecho de esa empresa común un ideal de progreso. Con una Gran Bretaña que se va por la puerta del Brexit y con una ola creciente de euroescepticismo, en forma y rostro de nacionalismo excluyente, reconozcamos que tan hermosa efeméride no se celebra en el mejor contexto. Estamos obligados a escribir de nuevo discursos sobre la defensa de la civilización occidental y la democracia y, sobre todo, a actuar en consecuencia.

Lentejas y pensiones

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Gran parte de la clase política española no sabe establecer prioridades y su desorientación la padece solo una víctima: la ciudadanía. El déficit de la Seguridad Social se acerca a los 20.000 millones de euros, por lo que pagar las pensiones será cada vez más difícil. El origen del problema está bien claro, pero sus posibles soluciones son complejas y requieren de un coraje político y de un compromiso con el bien común, que ahora mismo brillan por su ausencia. Los socialistas me temo que se enfilan hacia una nueva versión del «no es no», bien porque se reenganche Pedro Sánchez o bien porque un resultado muy ajustado de las primarias inocule en Díaz el sanchismo. La extrema izquierda, representada por Podemos, lo arregla todo intentando que TVE no emita la misa, una cuestión que desvela a toda la opinión pública. Los independentistas, queriendo convertir lo de todos en lo suyo, relegan a un segundo plano el interés del ciudadano. Cuando definitivamente no haya dinero para pagar las pensiones, tal vez entonces busquemos a los culpables del naufragio.

LA DEMOCRACIA AMENAZADA

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El problema territorial vuelve a amenazar a la democracia española, como ya lo hiciera en el pasado. Lo advirtió en su día Torcuato Fernández-Miranda: «La democracia en España siempre fracasó por cuatro problemas: social, militar, religioso y territorial». No existe más conflicto social en nuestro país que en cualquiera de nuestro entorno. La cuestión militar está más que conjurada y no hay problema religioso, por más que la extrema izquierda intente resucitarlo. Solo queda la polémica territorial, centrada exclusivamente en Cataluña, donde cada vez se alzan más voces contra el secesionismo, a pesar del opresor ambiente. Un asunto sobrecargado de emoción y falto de racionalidad. Como consecuencia de ello, se hurta a la ciudadanía catalana un debate honesto acerca de lo que supone, y ha supuesto, para Cataluña ser parte de España. Los independentistas no aceptan ni la Ley, ni un debate sereno y democrático. Solo quieren que salte todo por los aires para ver si en río revuelto…

EL BUMERÁN CATALÁN

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Cataluña, como ya sabíamos, es mucho más plural y diversa políticamente de lo que pretende la propaganda secesionista. Ayer miles de catalanes clamaron en las calles de Barcelona contra quienes pretenden desvincularlos de España. Cada mes que pasa, son más los ciudadanos que se atreven a alzar su voz en medio de un ambiente opresor, en el que no resulta fácil, ni gratuito, discrepar de la versión oficialista del nacionalismo excluyente. Pero como siempre ocurre en la Historia, la acción abusiva de unos provoca la reacción de los otros. Por eso hacen falta las leyes, y por eso la democracia se caracteriza por su cumplimiento. Cuando en el cuerpo social catalán se ha inoculado el odio a lo español, una gran parte de catalanes reacciona ante tanta falsedad. La manifestación de este domingo es una lección de la que aprender y sacar conclusiones. Ha sido una buena acción para animar a muchos que todavía no tienen el valor de salir a manifestar su hartazgo ante el nacionalismo con vocación totalitaria.

AGITAR EL NOGAL

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ETA dejó de matar a su pesar. Lo hizo porque todo aquello que va contra la racionalidad termina fracasando. También, y sobre todo, porque cayó derrotada por el Estado de Derecho, por la democracia. En el camino, dejaron un reguero de sangre: 829 personas muertas, centenares de heridos, decenas de secuestrados y miles de extorsionados. Además de una sociedad dañada, traumatizada, en la que, en muchas ocasiones, los valores fueron subvertidos y corrompidos. En medio de todo ello, se perpetró una considerable pérdida económica –¿dónde estaría hoy la empresa vasca si no hubiera existido ETA?– y se desvirtuó en gran medida la vida política de aquella tierra y, en parte también, de España. El nogal, en expresión lamentable de Arzalluz, dejó de ser movido. Ya se recogieron todas las nueces que cabía recolectar. La historia no será benévola ni con ETA ni con los que se beneficiaron de ella. En esta hora, solo quedan la grandeza y la magnanimidad de quienes vencieron; y el perdón, que nunca el olvido.

EL PROGRESO SEGÚN LA IZQUIERDA

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La izquierda, sobre todo la extrema, demuestra un extraño concepto del «progreso». Para ellos, es solo un recurso lingüístico con el que justificar algunas de sus peores fechorías. Se olvidan de que existe un factor moral fundamental para poder sustentar lo que entendemos por verdadero progreso: todo aquello que nos hace más justos, más libres, más cultos y más felices: mejores, en suma. Desde luego, perpetuar el anticuado y caciquil monopolio de los estibadores aporta poco a esa idea de avance que dicen defender. Por no detenernos en la asimetría, según la cual un Estado democrático y aconfesional no puede proteger el culto religioso de sus ciudadanos -en España mayoritariamente católico- pero sí debe ofrecer todo tipo de fondos y protecciones a las más diversas manifestaciones, incluidas las que agreden a quienes somos católicos. Si de verdad fuesen demócratas, sabrían que el respeto a las ideas de los otros es una de las claves de bóveda de un sistema político basado en las libertades, incluidas la religiosa y la económica. Por eso sorprende que quieran calificar como progreso el sectarismo.

EL «LIBERALISMO» DE CIUDADANOS

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Difícil lo va a tener Ciudadanos en las próximas elecciones, cuando pretenda convencer a los potenciales votantes acerca de su condición liberal. Su actitud a favor de un antiguo y privilegiado colectivo, como es el de los estibadores, se da de bruces con su prédica a favor de una economía moderna, abierta, liberal y europea. Su compromiso con la gobernabilidad de España parece difuminarse y empieza a tomar sentido ese clamor de fondo que pide volver a las urnas con el fin de que la ciudadanía, conocidas ya las calidades democráticas de la «nueva política», restaure la estabilidad que una oposición inmadura y desleal impide. A ver si los votantes, visto lo visto, despejan este bloqueo que nos perpetúa sin presupuesto, sin financiación para autonomías ni ayuntamientos, sin encarar el problema de las pensiones y sin cumplir las sentencias de la UE. De paso, Ciudadanos tendrá la oportunidad de aclarar de una vez, tras tanta futilidad inútil y sectaria, si es liberal, socialdemócrata, o solo tiene días.

LO QUE CUESTA NO TENER PRESUPUESTO

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Los Presupuestos Generales no se aprueban, y para lo único que sirve el bloqueo –al margen de intentar gastar menos– es para paralizar la maquinaria del Estado. No sale gratis. El empleo público no abre sus oportunidades, la financiación de las autonomías permanece en el limbo, los servicios más elementales se dirigen a su insostenibilidad, mientras se ralentizan otros tantos asuntos pendientes, con el consiguiente frenazo a la economía productiva del país. A la oposición le puede parecer simpática la situación, pero a los cientos de miles de ciudadanos que la padecen no les hará tanta gracia. Este año, cerca de veinte mil personas podrían conseguir un trabajo de la Administración central. Probablemente no lo tendrán, porque, arrellanados sobre la seguridad de sus escaños, los diputados disfrutan de esta inmadurez democrática que camina hacia su asentamiento definitivo entre nosotros, mientras España se aproxima paso a paso, demagogia a demagogia, al abismo. A ver quién paga tanta ineficiencia.