Maneras de ser italiano

Publicado por el Jul 2, 2017

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Pino D’Angio era un cara de Pompeya que se inventó una canción para poder echarse un pitillo en escena. La canción se tituló “Ma quale idea”, y fue un trueno de éxito en 1980. Vendió más de siete millones de copias, mientras entraba por lo alto en las listas de temas más vendidos en Reino Unido. De entre los temas italianos de entonces, y de siempre, un alarde semejante sólo lo alcanzó “Volare”, aquel himno eterno. “Ma quale idea” era un vacile de un tipo que cantaba poco, o nada, pero fue acaso el primer rap europeo, según ha arriesgado el propio Pino. La canción, que él interpretaba casi de perfil, con chulería mediterránea, era una burla del playboy de discoteca, del ligón de playa, preferiblemente italiano. Era un homenaje al italiano de libro, pero haciendo coña. Pino era así, y no era, un cantante melódico más de los varios que ha dado Italia. Antes de él, barrió Umberto Tozzi, que a finales de los setenta se aupó con dos temas que ilustrarán muchas nostalgias, “Ti amo”, y “Gloria”. Ya con un pie en el arranque de los ochenta, cuando Pino vivía el triunfo sostenido, Tozzi alcanzó en España un estrellato abrumador, a bordo de una versión de “Ti amo” en castellano de Avila, que él pronunciaba con arrastres susurrantes. No pocos enamorados de entonces recordarán haber frecuentado la felicidad mientras Tozzi les cantaba en español tórrido. Tozzi sí fue un melódico según los cánones, y su vocación de artista sucedió paralela a la de su hermano Franco Tozzi, mayor que él, un cantante de la década de los sesenta que arañó cierta popularidad. Algo antes de Tozzi, y de Pino, la gran sensación de la música romántica italiana fue Sandro Giacobbe. Y luego de todos, y hasta hoy, el gigante del género es Eros Ramazzoti, que tiene nombre de lo que es: el trovador pop del embeleso sentimental. Estamos ante diversas maneras de ser italiano, más o menos melódico. Ramazzoti es un guaperas que canta con resfriado, y de eso ha cuajado un estilo, que dura décadas. Giacobbe es el culpable del hit “Jardín prohibido”, un temazo del 75 que arrancaba así: “ Esta tarde vengo triste y tengo que decirte que tu mejor amiga ha estado entre mis brazos”. Era, aquello, un lamento de la infidelidad cumplida, una oda a la tentación que no necesariamente vive arriba. “Jardín prohibido” fue el clima meloso y de media penumbra con el que se bailaba en pareja, a un rato de la muerte del caudillo, cuando los romances se ataban con estribillos de vinilo a cuarenta y cinco revoluciones. Qué tiempos. Qué apasionados y apasionantes tiempos. Ramazzoti siempre ha estado ahí, como Laura Pausini, pero más, y mejor. Canta con toda una gripe gloriosa por dentro. Pino D’Angio nos salió mejor fumador que cantante, casi, pero fue el éxtasis del ligón de parodia. Con traje cruzado y farde de tabaco rubio.

 

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