Las otras cosas del corazón

Publicado por el abr 23, 2017

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A Jose Coronado la obra “Ushuaia”, que protagoniza, en el Teatro Español, le pillaba a mala hora el sábado pasado, porque se cruzó un infarto. Lo que pasa con el infarto es que no avisa, y te improvisa un relámpago de susto que igual te detiene una gira, o desvela a una novia. O las dos cosas. Infartos hay muchos, naturalmente, y hoy va contento Coronado porque tras su revolcón cardiaco resulta que ha descubierto lo que ya sabía: que el peatonaje le quiere. O sea, que ha visto que la familia llega mucho más allá de la propia familia. Joaquín Sabina, que se repuso de un ictus, como un soldado, arriesga a veces que el gentío siente un alto afecto contagioso por los resucitados, como él. Coronado comprueba que la solidaridad emociona, porque ha estado a orillas de la herida, y ha sentido de todo, menos la soledad. A Antonio Banderas parece que ahora le queremos todos mucho más, porque el corazón le dio campanazo, aunque a Banderas es difícil no quererle demasiado, desde siempre. A Antonio Banderas le ha tenido cerca Coronado en estos días difíciles, con lo que se ha concretado que es también un maestro de energías de humanidad. Banderas, la verdad, no sabemos muy bien cómo ha padecido un infarto, y se ha repuesto enseguida, porque es hombre de cumplir tres días dentro del mismo día, viajando con novia, rodando dos pelis, asomando en la Semana Santa de Málaga. Sabina, a lo suyo, le llamó el “marichalazo”, en brinco verbal muy suyo. Lo del infarto viene a ser como el amor, pero por la otra punta. No tiene edad. La emocionante Silvia Abascal tuvo un aviso cardiovascular de mucho riesgo, y le colapsó los treinta y dos años, a medio Festival de Cine de Málaga. Montserrat Caballé, ya veteranísima, también pasó un susto. Y María Escario. Al Bano iba a dar un concierto histórico en el auditorio Conciliazione de Roma, y en las horas previas se fue al hospital, con la inquietud de una punzada en el pecho, y le salvaron la vida, porque venía en marcha el infarto severo. Sebastián Palomo Linares tuvo que lidiar un fogonazo de miocardio, y le pusieron un “stent”, que es lo que llevan en la arteria los que han tenido algún problema de esta índole. No quiere ser esta crónica un catálogo de aquejados, sino más bien un ramo de atletas que una noche tuvieron un mal día. O varios malos días. Cosas del corazón. Jaime de Marichalar ha cubierto varios años de deportista de la convalecencia, como un dandi que va al gimnasio. Hace años me convidaba a comer en Viridiana, y siempre iba o venía de técnicos de la rehabilitación, una rehabilitación que se tomaba con disciplina minuciosa. Coronado está contento. Y nosotros con él. Ojalá le ocurra pronto lo mismo a Luis Eduardo Aute, al que el infarto le cayó de pedrada violenta, en medio del lago del corazón, en el pasado verano. Hasta hoy.

 

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