Amor y cosmética

Publicado por el abr 12, 2017

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Paula Echevarría y David Bustamante prometían de actualización de la longevidad conyugal de Ana Belén y Víctor Manuel, pero va a resultar que no. Se nos van a quedar en esperanza desesperanzada. Paula y David han venido cumpliendo una felicidad guadiana, que es otro modo de decir que en esa casa “pasan cosas”, según la respuesta enigmática de la propia Paula, ante la prensa populosa, el otro día, mientras presentaba un perfume. Al final, no hay fidelidad mayor que la fidelidad a un perfume, porque los maridos se acaban. A Paula y David les hemos visto siempre muy bien de pareja, y nos consta que esta chica ha logrado mucho de la nueva imagen en curso de David, imagen que también va por dentro. Ha vivido más calmado, y encima ha pillado abdominales. Yo le he visto hacer abdominales en los pasillos de alguna tele, antes de una entrevista de plató, y esto lo apunto para bien, porque en Bustamante la gimnasia es también una gimnasia interior. Y no pierde rato, como digo. Ha estado en forma, por dentro y por fuera, y ahora no sabemos si lo está tanto, porque sigue tronando que su matrimonio ha perdido el músculo, aunque estas cosas también pasan en gentes que no llegan a separarse en toda su vida. Ellos mismos han sido un matrimonio muy amenizado de crisis, como todo matrimonio, por otra parte, sólo que él saca discos y ella sale en Velvet. Paula es una chica de muy fina lámina que vende en un pispás el trapo que se ponga, y sale de anuncio aunque la pilles de foto en una hora mala de playa, que es cualquier hora, para todo mortal. Paula es algo así como una hermana lejana de Sara Carbonero, pero en otro plan, porque no tiene futbolista y en la tele sale de actriz. Pone de moda una pulsera o un fular en un momento, porque es el spot de ella misma. Es eso que llaman “creadora de tendencia” quienes entienden, que es lo que nuestra abuelas titulan “una chavala estilosa”. El otro día, ante la prensa, que le preguntó por su separación, fue un esplendor, aunque lloró. Se ha repetido mucho que ha sido Paula una benéfica influencia para el cromo refinado de Bustamante, que llegó a ella un poco en bruto, más triunfito que crooner. El caso es que a David le vemos ahora muy apolíneo de buen traje, con la camisa desbrochada de los frecuentadores últimos del casino, y una mirada ensoñadora más propia de un apolo de Armani que de un cantante de animación del guateque. Lo que habrá cambiado David, con Paula al lado, que por rachas ha logrado que en mucho plató le pregunten por la gimnasia, y no tanto por la música, aunque esto no sé si es mucho logro. Bustamante, en la Academia de la tele, soltaba lagrimones de culebrón, y luego, cuando ya iba a su aire, se hacía videoclips en la cubierta de un yate, lleno de macizas hasta la vela mayor. Pero eso es la prehistoria. Vino Paula, y el mundo fue otro. Un paraíso de amor y cosmética.

 

 

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A ver de cerca el incendio, a convidarme a la tormenta, a poner bulería en la noticia diversa. A arriesgar, en fin, una opinión. Porque a veces “la vida no es noble, ni buena, ni sagrada”, según ya sospechó Lorca. A no... Más sobre «El Arpón»

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