Aquellas guapa de la postmovida

Publicado por el Feb 26, 2017

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Claudia Schiffer inventó, en los noventa, la maniquí famosa, y le subió a la parroquia el caché, empezando por el suyo, naturalmente, que era un susto. La parroquia era, y aún es, Cindy Crawford, Naomi Campbell, Linda Evangelista, o Eva Herzigova. El fenómeno se llamó “topmodel”. Aquí teníamos a Judith Mascó, Cristina Piaget, Celia Forner, o Esther Cañadas. Aquí teníamos a Nieves Alvarez y Helena Barquilla. Todas subieron el oficio de modelo al podio de esplendor de estrella, y con ellas la década resultó una primavera perpetua de cuerpos gloriosos de su gremio. A cada rato vuelven, solas o en grupo, pero en rigor nunca se han ido. Son las guapísimas de la postmovida, y han aupado una lámina de prestigio y se han llevado una pasta, por lo general. No sabemos cuánto kilometraje de fiestas reúnen todas nuestras modelos, a bordo siempre del agua mineral, pero kilometraje reúnen mucho, o todo, porque han cumplido cuarenta años de deneí, o más, aunque está en ellas aún el farde de la lozanía. Nieves se empleó de musa de Saint Laurent, en los noventa, y dio percha viva a figurones de la alta costura como Christian Dior, o Armani. Cito abreviando, porque para qué. Cristina Piaget fue codiciada y cotizada en las industrias internacionales de su gremio fugaz, caprichoso, desigual y hasta un poco maligno. Cristina fue la Piaget, y acuñó un estilo de lentitud en la esbeltez, que es como decir un estilo de elegancia, porque la lentitud es una extraña distinción. Esther Cañadas es una valquiria de Alicante, pero más bien es una extranjera de todas partes. A finales de los noventa se remató su apoteosis, tras triunfar por ahí como una hermana de Judith Mascó, pero una hermana menor, y más atigrada y lírica. Alrededor iban acumulando mucha hemeroteca de portada Laura Ponte, Martina Klein o Verónica Blume. Helena Barquilla tenía un poderío eléctrico, en la pasarela, y Celia Forner gastaba una luz de morenía internacional, sólo que internacional de Valencia. Era una edad de oro de ese oficio, y a nuestras chicas de entonces las pilló en la mejor edad. En la copa inaugural de esta generación está Claudia Schiffer, que resultó una  Brigitte Bardot con menos vicio, y más yogures. Esther Cañadas ha venido transitando a veces los álbumes de la prensa sentimental, donde luce con algo de rubia guadiana que no está demasiado a gusto en el papel. En síntesis, consta que se casó con Marc Vanderloo, un guapo de su gremio, y que luego del divorcio sostuvo relaciones con Sete Gibernau y Vikram Chatwal, un célebre empresario hotelero neoyorkino. Todo eso duró lo que duró. Cristina Piaget gastó un rato largo de su biografía en los desempeños de pasarela, y luego se adentró demoradamente en la interpretación, hasta que desapareció como flotando, que es como desaparecen algunas hermosas de la invención de García Márquez y algunas irreales de verdad, como Cristina. Como Judith, como Esther.

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A ver de cerca el incendio, a convidarme a la tormenta, a poner bulería en la noticia diversa. A arriesgar, en fin, una opinión. Porque a veces “la vida no es noble, ni buena, ni sagrada”, según ya sospechó Lorca. A no... Más sobre «El Arpón»

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