Duquesa y alrededores

Publicado por el ene 8, 2017

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En su lecho de enferma irreparable, con 71 años, malherida de  cáncer, diez horas antes del último suspiro, Luis Isabel Alvarez de Toledo se casó “in articulo mortis” con Liliane Dahlmann, nacida en Alemania, pero criada en Barcelona, a la que siempre había presentado como su secretaria. Acababa así de nombrar a Liliane nueva presidenta de la Fundación Casa de Medina Sidonia. Acababa así de dejar a sus tres hijos, Leoncio, Pilar y Gabriel,  al margen de los bienes transmitidos de generación en generación, desde antañazo. Dejaba viuda, en fin, y alrededor una familia de cabreo, que reclamó por la vía judicial sus derechos ante la viuda beneficiada. La cosa se aclaró a favor de éstos, a finales del 2015, cuando un juez les reconoció como herederos legales, aunque el reparto anunciado fuera desigual, privilegiando al mayor, Leoncio, por su condición de heredero universal en el testamento, otra fuente de conflictos, por cierto, entre los hermanos. Luisa Isabel Alvarez de Toledo es una ausente presentísima, en esta familia de alcurnia. Gabriel, el menor, ha puesto a veces cruda síntesis a su indignación arterial: “Mi madre era una mala persona”. Pudiera ser, el suyo, uno de los retratos a la contra de Luisa Isabel Alvarez de Toledo, la duquesa roja, según acuñación de esquina de cuando fue una joven tumultuosa de lucha antifranquista. La duquesa tuvo una época, en la juventud, de aristócrata al uso, y llegó a casarse con un jinete de estampa, Leoncio González de Gregorio y Martí, de la nobleza castellana. Aquello duró un soplo de eternidad, entre 1955 y 1958, rato arriba, rato abajo. En cualquier caso, cuando nació el tercer hijo, el citado Gabriel, ya Isabel y Leoncio estaban separados. La duquesa conoció la cárcel, y conoció el exilio, en París. Allí pilló una buhardilla de estrechez donde dicen que cabían todas las libertades. En el palacio de los Guzmanes, en Sanlúcar de Barrameda, residencia histórica de los Medina Sidonia, tenía un laboratorio de papeles, donde trabajaba como un soldado insomne, y ahí recibía a veces, por rachas, a una tribu de frikis,  para echar el rato  dándole a la botillería de firma. Si miramos el árbol genealógico de la duquesa, nos sale, al fondo, Alonso Pérez de Guzmán el Bueno, héroe de la defensa de Tarifa, allá en el siglo XIII. Gabriel Maura Gamazo, miembro de la Real Academia de la Historia y de la Real Academia Española, fue su abuelo materno, y la tuteló en los primeros esbozos literarios o históricos. El archivo de la casa ducal, donde hay más de seis millones de documentos, es uno de los archivos más importantes de Europa. Luisa Isabel lo donó íntegro a la fundación, en invierno del 90, que se convertía así en su legado al mundo, en un tesoro personal. Liliane lo ha venido custodiando, mientras hablaba poco, o nada. Enfrente, una familia de litigio. Que no cesa.

 

 

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