Con título de donjuán

Publicado por el nov 27, 2016

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No celebraremos demasiado esa titulación fácil de “los amores otoñales”, porque todo amor se parece a un verano, o quiere parecerse, y porque seguro que no le gusta al enamorado o enamorada que le saquen la contabilidad de la edad. En ese verano del amor anda Carlos Falcó, al que vemos pletórico en vísperas de boda con Esther Doña, una malagueña de juventud, según el deneí. Claro que el amor no tiene edad, o sí, porque ahí tenemos en lo alto del panorama a dos ilustres, Mario Vargas Llosa, y el citado Falcó, que viven fieles al dorado donjuanismo de sus largas biografías respectivas. Es amor es sentimiento revolucionario, y sentimiento estival. En el amor, Carlos Falcó ha cumplido una hoja de servicios de campeonísimo envidiable, y así, en recuento rápido, nos salen los nombres de Cristina Onassis, Jeannine Girod, Isabel Preysler y Fátima de la Cierva, bisnieta del duque del Infantado, y más de veinte años más joven que él, cuando se casaron. Esto, citando deprisa. Y por orientarnos. Carlos Falcó nació en el Palacio de Dueñas, y los veintipocos años se paseaba el puerto de Miami a bordo de un Maserati que le regaló su suegro, un suizo archiforrado. Es Marqués de Griñón, y es algo así como un arqueólogo de los vinos de mérito, y un biógrafo del prestigio de sus propios aceites supremos, que siempre acaban laureados por las mejores guías del género. Falcó es un nombre de la alcurnia alta de la buena vida, o de la vida de maravilla, que incluye los placeres de refinamiento. Ha escrito un libro de veteranía o sabiduría,  “Oleum, la cultura del aceite de oliva”, y se remanga mucho en sacar adelante la publicidad de lo español en el mundo, insistiendo en la “Marca España” antes de que se propagara eso de la “Marca España”. Carlos Falcó reside en una finca de libertad en Toledo, y le regala de cumpleaños un ipad a su hija, Tamara. No de ayer tiene claro que España es acaso el mejor país del mundo para inventar vino, o aceite. Para exportar los lujos propios, que no son un capricho de holgados, según airean algunos  detractores, sino la aristocracia misma de la excelencia. Cunde por ahí que un día José Luis Perales dijo haber escrito el clásico “Y quién es él, y a qué dedica su tiempo libre” por encargo de Julio Iglesias. Un encargo en la época en que Isabel Preysler le dejó por un marqués. Julio la canción nunca la cantó, pero a veces sí la cantó Carlos Falcó, para sí mismo, mientras iba conduciendo, entre el divertimento y la complacencia. Son anécdotas de un pasado de donjuán de oro que ahora mira contento el futuro.

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A ver de cerca el incendio, a convidarme a la tormenta, a poner bulería en la noticia diversa. A arriesgar, en fin, una opinión. Porque a veces “la vida no es noble, ni buena, ni sagrada”, según ya sospechó Lorca. A no... Más sobre «El Arpón»

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