Torera de la suerte

Publicado por el nov 1, 2016

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Estamos, con Isabel Pantoja, ante la última folclórica, porque el resto murió, y Falete no cuenta. Isabel queda libre, por ley, y esto significa la resurrección de la jefa de la copla, una jefa que gasta los volantes por fuera, y que ahora ya llevará un alegrón de nuevos volantes por dentro, yo sospecho. Pantoja, durante la condena, ha cubierto algún paseíllo de permiso, con mucho coro de fotógrafos a la puerta de la cárcel, y un ramo de devotas para gritarle “guapa”. Durante la condena, Pantoja ha estado en la crónica social sin estar. Ha resultado la ausente más presente, auxiliada, quizá a su pesar, por su inquieta familia revuelta, que le ha pillado gusto a la cátedra de plató. Pantoja, durante meses, ha sido la crónica incesante, la crónica de hacer la aritmética de cuándo volvía o no volvía a la calle la artista. De Pantoja, desde que entró en prisión, no ha habido ni mucha ni poca novedad, salvo los errores de los que venían pronosticando cuándo le daban o no le daban suelta, por un rato. Algún día, en el paseíllo preceptivo de salir de permiso, la vimos de brazo de su hermano Agustín, como una altiva novia apócrifa, reprimiendo, o bien olvidando, quizá, ese medio cabreo suyo, tan hispánico, que nunca sabemos si es pena, gripe o paripé. O todo junto.  Pantoja ya ha cumplido la penitencia larga por aquella época, remota, o no tanto, de cuando en Marbella había una pareja de tres: ella misma, Julián Muñoz y Maite Zaldívar. Hablamos de unos tiempos en que Isabel paseaba por Marbella como una alcaldesa sentimental, y Julián como una folclórica macho, con peluco de farde y los pantalones de arquitectura. En los albores de la defensa de Isabel, el abogado escogido llegó a encontrarle a la causa un argumento inolvidable: “la hormona de su amor hacia Julián Muñoz le impidió ver la verdad del ex alcalde corrupto de Marbella”. Hasta que llegaron después los de la Guardia Civil, los de la Agencia Tributaria, los de los delitos del fisco, y más gentío de ley, y resolvieron que tocaba investigar un caso de blanqueo de capitales, y que el crecimiento de la hormona del amor era asunto de otra jurisdicción. O sea, que donde la Pantoja sólo veía un amor municipal, la ley enfocó una contabilidad de malabares. Eso fue entonces. En el repertorio de folclórica de Pantoja no entraba una gira sin salir de la cárcel, pero así ha sido. Las folclóricas siempre fueron “ricas de aventura”, por decirlo con el poeta, aunque no tanto. En el repertorio de Pantoja siempre hubo mucho entretenimiento por ir leyendo entre líneas de la copla su aventura, en general, pero la copla es previa a Pantoja, que es como decir que la tradición está muy por encima de su biografía. Aunque su biografía no es una bobada. Ha pasado de famosa de telediario, zona blanqueo, a torera de la suerte.

 

 

 

 

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