La Macpherson nacional

Publicado por el oct 8, 2016

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Había regresado Mar a la soltería, que es el vivir suelto, pero enseguida se ha dado a corregir la biografía bajo el verso del poeta que no ha leído: “Libertad no conozco sino estar preso en alguien”. De modo que se ha echado novio, y novio con velero, que es una cosa que a Mar no le da mucho disgusto, la verdad. Venía creciendo el runrún de que andaba en amores con un empresario, y el runrún ya es un trueno. A Mar Flores, para situarla, aún la siguen llamando modelo, porque resulta que algo de eso tiene, aunque no ejerza. Hablamos de una reguapa que en una época iba para Elle Macpherson nacional, y en otra para relevo o rival de la Preysler, previo máster en la casa de Alba. Tengo gastada mucha época de profesional de la mujer, como cronista, y he visto en ese empleo pocas bellezas de la lámina de Mar, que es como nuestra mejor Miss, pero una Miss que siempre fue más. Pero a mucho más. Iba, en efecto, para Isabel Preysler, pero era, quizá, poco filipina. Hasta llegó a la Casa de Alba del brazo de Cayetano Martínez de Irujo. Todo aquello ya pasó. De modo que se nos quedó en una Preysler castiza y peatonal, digamos, y funciona siempre muy bien de chica gancho de cualquier firma, o de ella misma, porque el famoso o famosa, cuando triunfa, es un spot en sí mismo. Estamos ante una archifamosa guadiana, porque fue a las portadas, y de las portadas volvió, y luego huyó a su matrimonio con familia, durante muchas temporadas. Pero Mar está siempre, si nos fijamos, aunque a veces no ha estado. Ha llegado a este virtuosismo de birlibirloque de la propia fama después de una juventud de amoríos desiguales y hasta cuernos a la luz de una farola. Mucho music-hall biográfico, en fin, hasta que se casó con Javier Merino, y pasó así a una vida serena, ya libre de chismes tóxicos y cháchara infamante, de esa que saca mucho porvenir del pasado. Con Javier Merino se casó por lo casi secreto, y se descasó hace cuatro tardes, vía comunicado. Fue maniquí, de arranque, y enseguida andaba en las labores de famosa de mucha lámina, con ambición de actriz y un enredo de hombres que le acabaron saliendo entre mal y muy mal. Ha sido guapa de póster, ajetreó en la tele, y se metió un poco en el cine, que yo creo que era su última y primera vocación no secreta. Con Javier Merino se casó por lo casi clandestino, y se descasó hace cuatro tardes, vía comunicado. Su regreso a la soltería fue una noticia de alboroto en las redacciones de lo sentimental, y en algunos salones de la murmuración de cóctel. Pero poco ha durado el notición, aunque la murmuración sí dura. Fue una gran musa de la peluquería de oro. La misma que ahora vuelve. Como que nunca se fue del todo.

 

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A ver de cerca el incendio, a convidarme a la tormenta, a poner bulería en la noticia diversa. A arriesgar, en fin, una opinión. Porque a veces “la vida no es noble, ni buena, ni sagrada”, según ya sospechó Lorca. A no... Más sobre «El Arpón»

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