Borja y alrededores

Publicado por el oct 1, 2016

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En la foto de boda de  Carmen Cervera y Hans Heinrich von Thyssen-Bornemisza ya va incluido Borja, porque el barón le reconoció como hijo, con los apellidos correspondientes de linaje. Hablamos del 16 de agosto del 85. El barón es el barón, tiene sesenta y tres años, y la cara de archirrico al óleo. Carmen tiene treinta y ocho años, y es una contenta de soleada belleza, un poco a lo Carmen Sevilla. Y Borja es casi como ayer mismo, sólo que sin barba, y más rubio. Con su hijo, ya de bigardo, las cosas le funcionaron a Carmen como funcionaron. O sea, mal, pero ahora bien. Carmen aspiró siempre a lograr una familia, y no una familia de tatuajes, que es una cosa en la que se han entretenido a menudo Borja y su chica, la dorada Blanca Cuesta. Quiero decir que Carmen ha preferido para su hijo una vida de negocios y artistas, y no una vida de retratados del colorín, que van y vienen a Ibiza, porque algo hay que hacer. Tienen todos al fin una concordia, pero una concordia con yate, que ya es mérito, porque un yate suele acabar estorbando bastante en las concordias. Blanca Cuesta, la chica de Borja, hoy señora en vigor, es una rubia de mucho rizo prerrafaelista que primero se dedicó a tener una familia de tatuajes y luego se ha dedicado a tener la familia propiamente dicha. Parece que fue Blanca quien fomentó en Borja el vicio por las mancuernas, los tatuajes y otros empleos de ociosos, según soltó su suegra un día, en pleno cabreo. Pero eso fue antes, cuando había cabreos familiares. De eso hace mucho, o no tanto, según se mire. Cuando Borja y Blanca se casaron, la baronesa se puso de cabreo, y hasta cundió la incertidumbre de si iba o no iba a la ceremonia. Pero la boda al fin se celebró, sin ausencias, y también con tensiones. Se reunieron los tatuajes, y las suegras, y no hubo sangre, y sí brindis. Aquella fue de todos modos una boda de conflicto, digamos, una boda que fue celebrándose durante semanas, a todo trueno, porque Blanca no acababa de embelesar a la baronesa y, a resultas, casi se divorció de su hijo Borja. Casi tuvimos boda con divorcio previo de mamá y retoño. Pero hubo boda y hubo Tita, no sé si por este orden. Borja tuvo una boda que resultó más bien bodón, por el escándalo familiar que se trajeron, y por el ajuar de exclusivas que incluyó aquel show. A Borja, por lo que lleva consumido de biografía, se le ha visto más cátedra en el gimnasio que en la biblioteca, aunque en las épocas últimas va y viene de anticuarios, o de exposiciones. En un tiempo, Borja y Blanca eran una pareja que vivía el verano a cualquier hora.Entonces, se veía difícil la armonía familiar. Pero al fin son unas gentes que preparan algún domingo la paella del encuentro y veranean en Ibiza tan contentos de compartir el aftersún, los paparazzis y el yate.

 

 

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A ver de cerca el incendio, a convidarme a la tormenta, a poner bulería en la noticia diversa. A arriesgar, en fin, una opinión. Porque a veces “la vida no es noble, ni buena, ni sagrada”, según ya sospechó Lorca. A no... Más sobre «El Arpón»

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