Súperlomana

Publicado por el sep 3, 2016

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Se ha logrado Carmen Lomana el estatus exótico, y sostenido, de famosa de oficio, zona noble, repercutiendo en la calle como una nueva Belén Esteban, sólo que al revés, como una nueva Belén Esteban con mejor carrocería y la jerga pija de stock. Lo suyo, como la Esteban, también es el barrio, sólo que el otro barrio, con mayordomo de botonera de rubíes y chimenea de quemar los trapos Dior que ya le aburren. Un día triunfó de famosa porque sí, y luego se empleó, incluso, en las discotecas de la tele, como una Travolta de corsetería cara, y de champú de Sotogrande. Lomana ha sido, sobre todo, un tema de debate en las peluquerías, a toda mecha. Y aún lo es. Intuyó pronto que estás acabado si no tienes enemigos, y empezó por no cruzar el saludo con Naty Abascal. Ellas dicen que no tienen rivalidad, pero qué van a decir. En una fiesta no remota, en Madrid, llegaron las dos a coincidir, y Naty tiró de miopía propiamente dicha, y miopía de la otra, para ignorar a Carmen que pasaba por allí, en medio de la orgía de los focos. Carmen, por su parte, se hizo la sueca, aunque es de León. La leyenda canalla arriesga que Carmen adornó a Naty, hace épocas, como “travesti de geriátrico”, pero esto no lo tengo yo del todo contrastado. Yo creo que Carmen ha elegido bien la rival alta, porque rivales de entretiempo tiene muchas, pero eso da igual. Quiero decir que Carmen sin Naty no sería la Lomana, aunque seguro que ella sostiene lo contrario, mientras pronuncia “cash”, o “bisuta”, en su jerga de rubísima que se estuviera tragando un diamante. Carmen pronuncia mamá con triple eme, el mundo le parece una delicia de tiendas caras y le vale un adjetivo para todo lo que le gusta, que es el lujo o el lujazo: súperdivino. Estamos ante una señora de buena facha  a la que su mamá (léase con triple eme) le pronosticó que todo le quedaba bien porque gasta un cuerpo de pobre. Estoy de acuerdo con la mamá (léase de nuevo con triple eme), salvo que no tiene Carmen un cuerpo de pobre, sino de fina señora bien nutrida de caviar y un perfil de ave de cóctel que se para a sacar el cuello en las portadas de moda. Carmen habla el idioma de boutique de las stupendas (léase con ese líquida, que es como ella pronuncia) y al tiempo también hablan mucho sus pulseras millonarias, al mover las manos. A veces habla Carmen, y a veces hablan las alhajas, que no sé si es lo mismo, en su caso. En cualquier manera, en medio de ese jaleo,  es autora de cosas absurdamente deliciosas: “Me divierten los mercadillos, pero nunca he ido”. Pasó de ser una viuda dorada a la que le gustan los escaparates caros a ser ella misma un caro escaparate en vivo. Pasó de Carmen a Súperlomana.

 

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A ver de cerca el incendio, a convidarme a la tormenta, a poner bulería en la noticia diversa. A arriesgar, en fin, una opinión. Porque a veces “la vida no es noble, ni buena, ni sagrada”, según ya sospechó Lorca. A no... Más sobre «El Arpón»

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