En la aristocracia de la soltería

Publicado por el Aug 27, 2016

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Tiene Genoveva Casanova una edad emocionante todavía, da en las fotos como una novia imposible de spot de cremas, y milita entre las guapas justas que copan las portadas y las fiestas, zona noble. Tenía pareja, José María Michavila, que ahora ya no tiene. De modo que vuelve la que nunca se ha ido. A Genoveva una grada de la crónica de la coctelería de amores no la aprecia mucho, ni ahora, ni antes, pero a mí me cae. A veces me pasa con alguna rubia, apócrifa o no. Un día de casi antaño le birló las portadas a Carmen Martínez Bordiu, Tita Thyssen e Isabel Pantoja, todas juntas, que se quedaron sólo en cromo de crucigrama. No es fácil, aunque tengas belleza pulcra de lámina y seas la joven separada del momento. Les recuerdo que entonces Genoveva triunfaba en las olimpiadas de las portadas, y su marido, Cayetano Martínez de Irujo, regresaba a su condición de jinete de la soltería, una condición de la que acaso nunca llegó a desertar del todo. A Genoveva lo que le pasó es que supo, por experiencia propia, que el amor sólo es eterno un rato. Un rato que a ella le duró siete años, eso sí,  incluidos dos de matrimonio. Tampoco es mal balance. Mayormente cuando ahí tiene dos hijos alegres y prósperos, Luis y Amina, que sí son gozo para toda la vida, y que de algún modo la unen también para siempre a Cayetano. Fue Groucho Marx quien nos lo advirtió para siempre:“la principal causa de divorcio es el matrimonio”. Y esto nos sirve incluso para la ruptura reciente con Michavila, cuando dicen que la imposibilidad de matrimonio ha llevado a un divorcio sin divorcio. Genoveva ha consistido, a veces, en portada fastuosa y luego en una cuota de reportajes de horas bajas, que eran los reportajes de la convalecencia de su separación, y que a lo mejor vuelven. Hablamos de las temporadas de aliviar el mal de desamor junto a amigas famosas, como Paloma Cuevas o Patricia Cerezo. La amistad es la sutura primera y mejor de las heridas, porque el desamor a solas resulta dos veces desamor. Eso sólo lo aguantan en condiciones los poetas, que son unos mártires, y todo lo alivian con fular parisino y dieta de endecasílabos. Quiero decir que vimos a Genoveva triste, pero luego ya no tanto. Nunca dudé que, al separarse de Cayetano, le sobrarían empleos que exploraran o explotaran sus virtudes varias, incluido un genio mejicano de látigo que dicen que a veces se gasta. Se le ha vuelto a acabar un amor, pero no se acabó el amor, que sí resulta eterno, pero con distintos hombres, naturalmente. A Genoveva Casanova la perdimos para los titulares como esposa de Cayetano, y luego como novia breve de Gonzalo Vargas Llosa, y como pareja de Michavila, hasta hace nada. La hemos vuelto a ganar en la baraja de la aristocracia de las rubias solteras de portada.

 

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A ver de cerca el incendio, a convidarme a la tormenta, a poner bulería en la noticia diversa. A arriesgar, en fin, una opinión. Porque a veces “la vida no es noble, ni buena, ni sagrada”, según ya sospechó Lorca. A no... Más sobre «El Arpón»

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