Entre el swing y el atletismo

Publicado por el jul 3, 2016

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A Michelle Obama, por lo general, le cunden varios días en el mismo día, y un solo día de sus viajes no suele caber en una crónica. Está en el atletismo de la tarea larga, y parece que no hubiera venido a vernos una Michelle, sino cuatro Michelles, o cinco, que se reparten el trote de la agenda. Ya pasó en un viaje anterior, cuyos cuatro días de agosto le dieron para visitar Marbella, Granada, y Mallorca, incluyendo plazas de toros, la Alhambra, tiendas de helados, el Sacromonte y hasta el hotel Villa Padierna, donde se hospedó con una hija, casi sin rato para hospedarse. Y cito deprisa. Michelle, por giganta, nos cuadra de musa nocturna de algún poeta francés de la modernidad, zona malditos, pero es la señora de Obama, y no diremos que resultó principal en la victoria electoral del marido, pero sí que cumplió de hombro de ímpetu para que Obama liquidara a Romney. Con una rubia de casino, esto no sale igual. A Obama le avalaron, en mayoría, los jóvenes, los hispanos y las mujeres. Y en esta decantación tuvo mucho gancho Michelle, que camina como un pívot de la NBA, pero transmite esa solvencia de las negras que no tienen en su currículo la frecuentación de las joyerías. Quiero decir que parece lista, porque probablemente lo sea. Michelle tiene mucha lámina exótica, pero no queda sólo como consorte de escaparate que sale y saluda al final de un mítin. Tiene una fotogenia el revés, porque no es guapa de consenso, pero la adorna un swing. En Facebook, cuando las elecciones, puso Barak una foto del día de su boda con Michelle. Había que triunfar, desencuadernando, incluso, el álbum de estampas íntimas de familia.En aquella foto, Barak y Michelle se ven jóvenes, radiantes, felicísimos, como compitiendo en sonrisa de anuncio. Parecen una apuesta de póster de martini. Este recurso de foto retro nos acredita que la sonrisa es virtud de todo candidato, que la consorte va en las listas, y que las redes sociales no son sólo un vicio del novio de Shakira. A la búsqueda del mejor póster de sonrisa, Obama, o sus asesores, descubrieron que la sonrisa ya la tenían resuelta, porque Barak y Michelle se casaron contentos como dos maracas, y esas sonrisas no hay quien las mejore. Toda familia tiene un “Hola” propio, que a veces se enseña a las visitas. Los Obama también tienen su “Hola”, y lo enseñaron en su momento al mundo, a ver si la foto del “sí, quiero” ayudaba en algo para el “si, quiero” de los votantes. Que quizá algo ayudó. En las crónicas del corte y confección, le hacían siempre un traje a los trajes de Michelle, cuando sus inicios en lo público, porque iba sobrante de colores salvajes, y daba un cromo tropical. Enseguida se pasó al blanco básico, o al negro fastuoso, y a menudo logra una lámina casi museal. Ha venido a España de esposa soltera, pero con el marido repitió boda de foto para la reconquista de la Casa Blanca.

 

 

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A ver de cerca el incendio, a convidarme a la tormenta, a poner bulería en la noticia diversa. A arriesgar, en fin, una opinión. Porque a veces “la vida no es noble, ni buena, ni sagrada”, según ya sospechó Lorca. A no... Más sobre «El Arpón»

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