El nuevo chaval de siempre

Publicado por el jun 11, 2016

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Alejandro Sanz tuvo club de fans, todas bachilleras de carpeta, pero ya tiene afición de multitud. De modo que es un artista. Luego está que repercute a veces de noticia sin escenario. Ahora resulta que se ha divorciado de su mánager, la altísima Rosa Lagarrigue, pero antes se casó con Raquel Perera, por la vía de lo secreto, que siempre es un susto para la afición. Aquella boda fue en el 2012, en una finca extremeña, y los convidados pensaban que iban a un bautizo. Hasta que se encontraron a dos novios de matrimonio. Al casarse, dijo Alejandro Sanz algo memorable: “Es lo más punkie que he hecho en toda mi vida”. Cuesta ver a Alejandro de marido, porque tiene aún cara de crío listo, pero no cuesta tanto ver que Raquel Perera, su mujer, vino a poner fiesta de madurez en su biografía. En la biografía en curso de los dos. Sé de Raquel, antes y después de Alejandro, y resulta una compañía imbatible de artista, que está siempre, sin estar incluso, cuando la ocasión obliga. Traigo este recordatorio nupcial, y sus aledaños, porque se ha apuntado por ahí que Raquel pudiera ser la mánager de relevo, pero no. Yo a Alejandro le vengo viendo contento, por lo general. Lo diré de otra manera: ha llegado joven a los cuarenta y pico recumplidos. Hay ya mucha hemeroteca de Alejandro, en fotos y en textos, y lo que se deduce es que triunfó, hace ya mucho tiempo, pero se obstina en reinaugurar el triunfo. Eso, y que su carrera ha sido carrerón. Estamos ante uno de los contados grandes, aquí y fuera. Ha padecido rachas de “nube negra”, que diría Sabina, por experiencia propia, y hasta suspendió una gira, hace años, por ansiedad y otras tormentas interiores, que son las de peor cura. Pero ahí está, contento como un flamenco, dispuesto como un rockero, salvado ya de varios infiernos, o purgatorios. En la calmada memoria está Jaydy Mitchel, con la que casó por lo balinés, y hasta aquella Valeria Rivera, que se vino un rato a España a hacer gira de platós. Todo ese pasado tiene ya muy poco futuro, salvo los hijos prósperos. Poco futuro, o ninguno. Alejandro y Raquel se casaron por la liturgia de lo recóndito,  para regalar luego una única estampa de su boda, que sirvió para todas las portadas. Raquel empezó a su lado, de asistente listísima, y ahora es la música arterial de su vida. Raquel ha significado mucho en los alivios del luto del artista, y yo arriesgaría que hasta le ha puesto en forma. La boda fue una boda insólita,  incluyendo que allí estaba Paco de Lucía, ese genio. Por Antonio Carmona me enteré, en su momento, que hubo en la fiesta “muy poca peña, pero muy buen rollo”. Alejandro ha sabido capear todos los temporales, y ahora toca darle portazo a una mánager de veinticinco años de vínculo. Parece que estuviéramos ante un nuevo Alejandro, pero el nuevo es el de siempre: un artista largo, y logrado. Se casó, encima, tan bien, que no se le acaba de quitar la cara alegre de soltero.

 

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A ver de cerca el incendio, a convidarme a la tormenta, a poner bulería en la noticia diversa. A arriesgar, en fin, una opinión. Porque a veces “la vida no es noble, ni buena, ni sagrada”, según ya sospechó Lorca. A no... Más sobre «El Arpón»

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