El titán y su hermana

Publicado por el may 2, 2016

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Arantxa Sánchez Vicario resultó, algún día remoto, Nadal con faldita, y hoy Rafa Nadal es un titán que no se acaba. Son, de algún modo, dos hermanos de relevo en los podios planetarios del tenis, que ya no es sólo el tenis, como antaño, sino un cruce de spot y estadio, como todos los deportes de gentío. Uno está por Madrid, donde compite, y Arantxa está más allá del océano, donde lleva un retirada vida de profesora de tenis, o algo así. Nadal aparece, o reaparece, según la racha, y reúne mucho un show de victoria. Tiene una novia, Xisca, que está sin estar. Hay deportistas que aportan a su gremio un magisterio histórico. Y hay deportistas, como Nadal, que exceden, incluso, la disciplina elegida. No son los que han ganado lo de Roland Garros, o el Mundial, sino los que le han ganado definitivamente el partido al tenis o al fútbol. Hubo un tiempo, ya digo, en que nos envició mucho Arantxa, porque llegó alto, o altísimo, y porque se desguazaba en el combate. Luego seguimos a algunas de su ramo, acaso más por inquietud erótica que por emoción deportiva, pero ya no era lo mismo. Al tenis femenino hemos llegado muchos por desliz de erotómanos, pero esto no se suele confesar, o se confiesa muy poco. Arantxa, con el tiempo, ha tronado en los papeles por no la causa de “ex” tenista, sino por la de “ex” hija, ya que le dio por comunicarse con sus padres vía demanda. Un lío poco memorable. Se jugó Arantxa, en la prensa, un Roland Garros de trifulca familiar, después de haber invertido media vida en el Roland Garros propiamente dicho. Por encima o por debajo de su jerarquía deportiva, lo que asoma en Nadal es el vigor en camiseta, la pugna de vitamina, la fe en el ahínco y que, encima, es tío de ganarlo todo, o casi todo. Parece, en él, que no estuviera en juego un set sino una hazaña. Arantxa ha mejorado mucho la lámina, en los últimos años, y se ha obrado en ella una creciente feminización o estilización, hasta llegar a ser toda una sirenaza de portada, que es lo que son hoy las jóvenes tenistas de esplendor, cada una a su estilo. Las tenistas, en general, no son lo que eran, para gozo de la afición mayor, incluyendo a Arantxa, que yo sospecho que empezó a gustarse cuando se dio al tenis de la vida, después del tenis puro y duro. Luego vino el jaleo de mal rollo familiar, y hasta lloró en público. Nadal es Rafa, el apolo nacional que no da un susto de gominas locas o trapos fashion, pero cumple mucho tirón entre el mujerío diverso porque es el atleta sin adorno. Entre metrosexuales de tatuaje, Rafa es un chaval que se pone el traje que toque, y pasa de todo. Sus greñas son un modo de no ocuparse de las greñas. Las jóvenes tenistas en curso son unas bachilleras que te resuelven, así al montón, un calendario Pirelli. Son las hermanas reguapas y tirando a rusas de Arantxa, que es muy “Marca España”. Antes, y ahora. Como Rafa. Pero de otra manera.

 

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A ver de cerca el incendio, a convidarme a la tormenta, a poner bulería en la noticia diversa. A arriesgar, en fin, una opinión. Porque a veces “la vida no es noble, ni buena, ni sagrada”, según ya sospechó Lorca. A no... Más sobre «El Arpón»

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