La otra literatura de Madrid

Publicado por el abr 22, 2016

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En esta noche, con el amén municipal de la autoridad y si el tiempo no lo impide, el Paseo del Prado será Paseo de lectura, porque estamos en la Noche de los Libros. Eso, y muchas más cosas del guateque de almanaque de la literatura. En paralelo a todo ese folclore alegre del día del Libro, que incluye también su noche, hoy mismo, está el Madrid literario de siempre, una ruta antigua, y de poca frecuentación, que puede empezar en el Gran Café de Gijón, y acabar en la Cuesta de Moyano, o al contrario. Quiero decir que queda muy ameno, y muy bien, y muy próspero, todo eso de celebrar el libro, a fecha fija, pero la ciudad literaria, la clásica ciudad del escritor, o del libro, está siempre ahí, con sus Cafés que fueron templo del show de la tertulia más o menos maliciosa, aunque hoy sólo nos parezcan monumento de nostalgias con menú para ejecutivos. Cerraron hace poco el Café Comercial, pero aún vive  el Café “El Espejo”, y el Café Gijón, donde hoy se hace un homenaje a Francisco Umbral. No hay mucho Café más. Son la tríada de los viejos cafés de siempre, adonde iban los poetas a discutirse el alejandrino, o a  levantarse una novia americana de una tarde. En la terraza del Gijón, Federico García Lorca manejaba metáforas de fogueo, y ahí mismo le faltaba a la cita a muchos de sus amigos, convocados por él en romería, porque Federico era un alegre irresponsable, cuando se empleaba, según denunció desde la amistad Pablo Neruda, en su día. Madrid fue un día un alegrón de grutas literarias, con Ramón Gómez de la Serna tomando copitas de bohemia en el café Pombo, entre grafómanos desportillados de biografía y actrices vocacionales del trasnoche. En el Lyon,  César González Ruano tuvo su oficina. Blas de Otero, y Gabriel Celaya, se daban a la conspiración en el Café Comercial, donde Don Antonio Machado tenía un rincón fijo de café con leche y charla austera. De todo aquello queda más bien leyenda, porque la tertulia literaria de café se ha perdido, y porque los poetas o escritores de este género se han muerto, y ya los nuevos escribientes están en internet. El día del libro, que incluye su noche festiva, que es hoy mismo, ya decimos, le ha puesto a Madrid una cenefa de muchedumbres, y mucho autor echando el rato de escaparate. Tiene algo de turismo de la cultura, este día, como toda celebración de calendario, por otra parte, aunque es hermoso y hasta emocionante ver cómo el personal va y viene entre libros. No todo es Champions y jornadas de pasarela en inglés. El día del libro, que incluye su gran noche, asoma un cruce de picnic y toldería, y ahí tiene, en vecindad callada, y eterna, a la Cuesta de Moyano, que es donde el libro celebra el resto de sus días, entre ofertas porque sí y ediciones de Tolstoi en pergamino. Aquí no se publicitan firmas para la afición del autor extranjero de moda. Entre otras cosas porque el best-seller suele ser Borges. Larga vida a la noche del libro. Sí. Pero sobre todo larga vida a los días literarios de Madrid.

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A ver de cerca el incendio, a convidarme a la tormenta, a poner bulería en la noticia diversa. A arriesgar, en fin, una opinión. Porque a veces “la vida no es noble, ni buena, ni sagrada”, según ya sospechó Lorca. A no... Más sobre «El Arpón»

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