Una doble de sí misma

Publicado por el abr 9, 2016

Compartir

Los cohibas se los fumaba con voluptuosidad de vampira. Decía dólares USA poniendo boca de Bardot de campo. Era una Marilyn de molino. En Madrid le cumplieron un funeral de pasarela, reestrenando en Callao La violetera, con Sara presente de coche fúnebre. Yo creo que nadie la ha imitado mejor que ella misma, salvo algún travesti. En su época última, o penúltima, se entretenía en la autoparodia, una autoparodia que incluyó, yo sospecho, aquellas nupcias de show con el mozallón Tony Hernández, un cubano tirando a tristón que más parecía un mayordomo entredormido que un marido contento. Yo intuyo que Sara se casó, una vez más, con ella misma, porque así tenía excusa rápida para irse a los platós a lucir el último peinado despeinado o esas joyas suyas como galápagos museales. Su gran amor fue Pepe Tous, y luego su hermana Elpidia. Fue un mujerón de escote de póster, pero a ella le gustaba mucho elogiarse las piernas. Las sacaba a menudo, para las promociones, tan sexuales y optimistas, como “las domingas”, que es como ella llamaba a los senos, en su diccionario de manchega de Hollywood, o diabla que ha viajado mucho sin salir de la aldea. A todo eso le ponía siempre el adorno de su melena de hippismo de peluquería, barroquizado de flores, incluso. Sara llegó muy joven a su propia posteridad, con lo que la artista, desde antañazo, casi, ha sido un desorden de uñas pintadas y escotazos locos. Diríamos que dedicó media vida a coronarse de artista y la otra media a no perder la lámina lograda de estrella. Hizo las Américas, naturalmente, pero no le importó abandonar Los Ángeles, estando en aquella copa, porque allí solo la iban a apreciar de india más o menos sioux, y aquí fue prosperando como una doble de sí misma, pero en más guapa, solicitada y cachonda. En algún momento, le retiró el saludo a Rocío Jurado, y tuvo trifulca pública y mantenida con Maruja Díaz, la prehistofolclórica. Estuve yo en medio de alguno de estos litigios, y siempre me pareció que Sara, en el fondo, se tomaba todo aquello a coña, por salir un rato de casa. Estuvo mucho rato sin hacer cine, y recayó a veces en el patetismo. Pero resucitaba para estrenar un visón, o pasear al perro, que es lo que hacen las divas no arruinadas del todo. A su primer marido, Anthony Mann, lo aludía como “Anzoni”, poniendo un ahínco de carmín en las sílabas que la hacían un poco o un mucho extranjera de Ciudad Real. En la tele, explicaba sus últimas aventuras en los quirófanos del cirujano estético como si se hubiera ido de relajo a las Bahamas. Vivió bajo el lema del clásico, “aprende a hacerte el que eres”. Aunque, naturalmente, ella leía poco o nada, como todas las folclóricas.

 

 

Compartir

ABC.es

El Arpón © DIARIO ABC, S.L. 2016

A ver de cerca el incendio, a convidarme a la tormenta, a poner bulería en la noticia diversa. A arriesgar, en fin, una opinión. Porque a veces “la vida no es noble, ni buena, ni sagrada”, según ya sospechó Lorca. A no... Más sobre «El Arpón»

Categorías
Etiquetas
Calendario
abril 2016
L M X J V S D
« mar   may »
 123
45678910
11121314151617
18192021222324
252627282930