Con máscaras y a lo loco

Publicado por el feb 5, 2016

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Toca ahora el Carnaval, y no cambia aquello de que la máscara es algo muy profundo. Lo decía Picasso: yo he nacido joven para toda la vida. Pues eso. Eso es lo que ahora nos toca. Jóvenes para toda la vida de unos pocos días, y además con disfraz. El Carnaval no es que sea una algarabía que viene de la antigüedad sino que es la antigüedad misma, porque el hombre siempre se ha disfrazado de otro hombre, o de otra cosa, para ser quizá más él mismo. De modo que el Carnaval es lo de siempre, pero no tanto. Quiero decir que esta fiesta es un monumento al albedrío, por esencia, pero ahora es un poco o un mucho una juerga a bordo de disfraces de rebajas de los chinos y mucho botellón sobre la marcha. Eso, y que en Madrid el alegre Consistorio de Carmena lo mismo nos decora los festejos con cuatro tapicerías de aire zen, por ejemplo, con lo que al susto de un disfraz le añadimos el susto segundo, o primero, de la innovación porque sí. Al Carnaval no le hacen falta excesos, porque el Carnaval es la razón del exceso mismo, vía calendario. Habrá pasacalles, naturalmente, y festival de danzas, y las inevitables murgas o comparsas. Lo que  en cualquier caso nos corresponde al peatonaje es celebrar la fiesta en pie, la irreverencia de la ocasión, el trote callejero, las muchachas que pasan y hasta las que no pasan. Las que tienen novio y las que no lo tienen. En eso de los novios fijos o las novias fijas siempre hay tiempo de enmendarse. Eso cada una sabrá. Cada uno sabrá. Lo que hoy nos corresponde es celebrar el exceso de una fiesta, que es como decir también la fiesta de todos los excesos. Y lo hacemos encantados y lo hacemos convencidos, porque la fiesta que no es exceso no es una fiesta. Estas juergas de Carnaval son mágicas, ataviadas, vecinales, respondonas y a veces un poco horteras. La cosa va desde la chirigota de polígono al desmadre de salón de mármol del Casino de la ciudad. El Carnaval viene a ser el verano de la fiesta, pero en invierno, que es como celebrar una misma fiesta dos veces. Lo diré con el verso del poeta: “Qué exacta noche de fuego y juventud”. Eso, pero durante una noche que dura varias noches. Y con el antifaz de ir cada uno a lo suyo. Con máscara y a lo loco.

 

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