Amor y ferretería

Publicado por el Jan 31, 2016

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A las sirenas del principal coro escultórico, en el Retiro de Madrid, las vienen usando los enamorados paseantes para jurarse amor eterno, con candado incluido. El candado es metáfora peatonal de amor para toda la vida, y en las sirenas del Retiro, con horizontes de lago, han encontrado los amantes un sitio donde amarrar sus candados, porque las sirenas no tienen pie, o piernas, pero sí unos cetros, o unas arpas, que cunden mucho para la colección de candados del peatonaje. Es nuevo este muestrario de candados en el Retiro, pero no tanto. Hace años, ya había enamorados que anudaban sus nombres con un candado, sólo que eran enamorados esporádicos, y ahora hay mucho enamorado en el vicio de esta práctica. He aquí la gran novedad. O sea, que candados hay muchos. Acérquense, y verán ahí las historias de amor de tantos, pero sin verlas. En Madrid, hará unos tres años, se aupó esta moda de los candados del amor en plena Plaza Mayor, y ahí teníamos muchos candados ocupando, de enjambre, la verja que rodea la estatua ecuestre de Felipe III. El Ayuntamiento acabó poniendo medidas al respecto, y se acabó aquello de invadir a diario aquella forja pública. Ahora los enamorados han mudado su hábito, y su candado, al Retiro, y ya digo que las sirenas del grupo escultórico de Alfonso XII están muy enjoyadas de candados, muy puestas de toda la joyería sentimental de los viajeros en sus arpas de adorno o cetros que hablan al cielo de Madrid. Entre el Retiro, como sitio último de candados de quererse para siempre, y la Plaza Mayor, que fue recodo de lo mismo, está el Puente de la Reina Victoria, donde los novios van a colgar sus corazones que son uno, en forma de candado. El Puente de Reina Victoria conecta el Parque de la Bombilla y las colonias de San Antonio de la Florida, y a los largo de sus barandas de hierro han ido engarfiando los vecinos, y los foráneos, cientos, o miles de candados a bulto que encierran la misma promesa de amor hasta la muerte. Las leyendas urbanas, más o menos remotas, y hasta antiguas, dictan que los amantes serán longevos en el querer si cierran en pareja un candado en un puente célebre, y luego tiran la llave al río próximo. Pasa en Roma, pasó en Dublín, pasó en París, en el popular Puente de las Artes, de donde llegaron a retirarse, en un tiempo, 18 toneladas de candados. En Madrid nunca hemos llegado a tanto, naturalmente. No sabemos dónde arrojaban las llaves de sus candados los enamorados que cumplían el rito en la Plaza Mayor. Los candados del Puente de Reina Victoria tienen sus llaves numerosas en el fondo del Manzanares. En el Retiro, han ido a parar al lago de plácidas barcas. Es en cumplimiento del amor con ferretería, que cunde en un sitio favorito de novios: el parque.

 

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A ver de cerca el incendio, a convidarme a la tormenta, a poner bulería en la noticia diversa. A arriesgar, en fin, una opinión. Porque a veces “la vida no es noble, ni buena, ni sagrada”, según ya sospechó Lorca. A no... Más sobre «El Arpón»

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