Las consortes sin póster

Publicado por el Jan 10, 2016

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Las consortes de Zidane y Mourinho, Véronique y Matilde, respectivamente, no son consortes al uso del escaparate del fútbol, tienen poca foto, o ninguna, en esa alineación bullente y planetaria de las esposas fastuosas del fútbol de escaparate, que es en lo que andan tantas otras. Quiero decir que no son mujeres de las que les cuidan a los deportistas famosos la familia de tatuajes sino la familia propiamente dicha. O sea, que están a lo suyo, que es “el vivir oculto”, según máxima de sabiduría, a otros efectos. Viven detrás del póster. Pero este retranqueamiento de la fama familiar no avala que Véronique, o Matilde, pinten poco, o nada, en los avatares profesionales de sus maridos famosos, sino más bien lo contrario, si tiramos de hemeroteca, o de lo que suele comentar “el entorno”, que no sabemos lo que es, pero sí. Recordemos que Matilde, señora en vigor de Mourinho, fue clave en el adiós del portugués en Chamartín. “¿Para qué soportar todo esto?” dicen que le decía Tami (este es el nombre que “el entorno” da a Matilde) a José, cuando en Madrid arreciaban las críticas de la última temporada, unas críticas que llegaban hasta el patio del colegio del hijo de la pareja, al que los críos adornaban a diario de piropos, pero piropos al revés, obviamente. El sufrimiento familiar, más el consejo de la mujer, fue enseguida un convencimiento, en Mourinho, para ir preparando el adiós. Dicho de otro modo: el adiós lo acordó antes con su mujer que con Florentino. Mourinho afina mucho, como profesional de la bordería, cuando toca, pero sobre todo tiene en cuenta la palabra de su mujer, que ahí está siempre, aunque sin estar. Alguna vez lo ha reconocido el propio Mou: “Me importa muchísimo lo que opine mi mujer, y también mi hijo, y mi hija”. A Zidane también le importa mucho lo que su mujer opine, y de eso sabe mucho la prensa italiana, que llegó a titular, cuando Zidane fichó por el Madrid, desde la Juve: “Zidane deja Italia por amor”. El amor, naturalmente, era, y es, Véronique, Véronique Fernández Ramírez, una morena de elegancias que orilló sus estudios de danza clásica y baile moderno al conocer a Zidane, en París, en 1989, en una discoteca. Desde entonces hasta hoy, todo seguido. Ella tenía diecinueve años, y él diecisiete. Giovanni Agnelli, aquel que fuera presidente de la Juventus de Turín, explicaba la fuerza o influencia de la mujer del futbolista: “Quiero tener a Zidane, pero su mujer es la que manda. No puedo hacer nada al respecto”. El propio Zidane contestó a estas palabras, avalando a Veronique en su papel crucial: “La familia es lo primero para mí. Y los míos no están bien en Turín. Mi mujer es española, de Almería, y desea volver a su mar andaluz”. Yo arriesgaría que Mou y Zidane son dos tímidos. Pero dos tímidos que han hecho con la timidez otra cosa. Mou, una táctica de trifulca. Zidane, una elegancia de enigma. Sus mujeres dan la bendición a las fotos, aunque en las fotos salgan poco. Nada.

 

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A ver de cerca el incendio, a convidarme a la tormenta, a poner bulería en la noticia diversa. A arriesgar, en fin, una opinión. Porque a veces “la vida no es noble, ni buena, ni sagrada”, según ya sospechó Lorca. A no... Más sobre «El Arpón»

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