Nostalgia de vísperas

Publicado por el nov 23, 2015

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Un paseo por el centro de Madrid arroja enseguida, en estos días, dos nostalgias. La nostalgia A, digamos, es un poco la nostalgia del verano, porque venimos de disfrutar un sol de junio, cuando atravesamos, en rigor, calendarios de bufanda. La nostalgia B es la nostalgia de la Navidad, pero una nostalgia inversa, porque no es una nostalgia de fecha pasada, sino una nostalgia de vísperas. Estamos un poco en unas vísperas de después, que escribió Sabina a otros efectos. Me explico. En la mismísima Puerta del Sol ya han levantado todo el andamiaje del gran árbol navideño que ponen a presidir el sitio, durante las fechas precisas de Navidad. Le vemos la entraña al gran árbol, durante el día, si paseamos, como un gigante a medio hacer que, mañana, en la noche, se iluminará, poniendo al momento esa cosa cinematográfica que tiene la Navidad, entre el frío y la bombilla. De día, el árbol es una marabunta de alambres, y de noche es un entresoñado prodigio, como una lámpara de desmesura en los cielos sólidos de la ciudad. Se verá cuando la tele nos dé las campanadas de fin de año. La Navidad es una bacanal de bombillas, y el anuncio de la lotería. Por cierto, que ya hay cola incalculable en la sede de Doña Manolita, esa cola incalculable que van pautando unos guardias de mucho chaleco, por tramos de la cola, para que el gentío se reordene. Algunas valquirias turistas de la zona se sospechan que es la cola del INEM, pero no, obviamente. Viene el personal desde provincias, en estos fines de semana, a pillar los décimos soñados, y luego a pasear por la Gran Vía, que queda ahí mismo, y que ya no es una calle de cines históricos sino de tiendas de pijamas. Las loteras diversas ya se han sentado de espaldas al reloj de la Puerta del Sol, a vender lo suyo. Dicen que quiere el consistorio limitar el número de vendedoras, y hay inquietud en estas gentes, y hay hasta cabreo. Pero eso ya se verá. De Sol a Gran Vía vienen y van las calles de Preciados, y Carmen, donde ayer mismo han puesto las bolas pertinentes de iluminación, que devuelven al sitio un recuerdo de sí mismo que nunca se ha borrado. Estas artesanías municipales de la Navidad tienen en el día el alma del cableado a la vista, pero luego, con la noche, devienen en una imaginación de la iluminación misma, que pone un techo de fantasía al cielo profundo de diciembre. Por Callao ya está montado todo el entorchado propio de los días que vienen, porque la Navidad no se improvisa. Igual que el particular saca del armario de hace un año los adornos navideños, así la ciudad acaba de sacar la noche iluminada que guarda para Navidad. Y que ahora se ve de día, pero todavía no se ve.

 

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A ver de cerca el incendio, a convidarme a la tormenta, a poner bulería en la noticia diversa. A arriesgar, en fin, una opinión. Porque a veces “la vida no es noble, ni buena, ni sagrada”, según ya sospechó Lorca. A no... Más sobre «El Arpón»

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