Prósperas y vagabundas

Publicado por el Oct 27, 2015

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Nadiuska es inolvidable, aunque ahora vaya olvidada, incluso olvidada de sí misma, en algún centro de cuidados clínicos para quienes dimitieron de la vida. Nadiuska hizo mucho camping de manicomios, hasta que le dieron salvación de monjas, a las afueras de Madrid, donde aún se pinta a  veces los labios para nadie. Eloísa Bercero es la hija fastuosa del fundador de los chocolates Elgorriaga, y quería acabar viviendo en el Ritz de París, como Coco Chanel, pero eso lo dijo hace una década, cuando Eloísa era un monumento de la alta costura, y Giorgio Armani la tuteaba con amor de reverencia. Eloísa Bercero fue una musa de sí misma, una maniquí de pagarse el traje incalculable, una coleccionista del ropero de los años del auge de la alta costura, que fueron los desbrochados ochenta. Hoy se confiesa en la ruina, o casi, salvo que su pañería propia es de oro, y la firman Christian Lacroix, o Franco Moschino. En aquellos ochenta, triunfaba en la tele Sonia Martínez, una chavala de alegrías que pronto pilló los despeñaderos de la droga, y así hoy la vemos en la hemeroteca de la popularidad como una ninfa del programa “Sabadabada”, que luego se dedicó a los pálidos oficios del vagabundeo salvaje. Nadiuska, Eloísa, y Sonia. He aquí tres ejemplos diversos de la biografía de la fama, cuando la fama se tuerce, y no incluye agenda de champán, sino calendarios de veneno. El asunto es antiguo. El derrotado, o la derrotada, quedan bien, o muy bien, de coro novelesco, o de foto de retrato lírico, pero luego resulta que hay derrotados de la fama, que no ven de dónde pescar un pan de pensión, y del hospedaje se ocupa la caridad, si hay suerte, previo paso por el desvarío del sonambulismo sin horas de las calles de Madrid, que es la capital de los famosos sin techo. A la incalculable Terele Pávez le hicieron un día una fotos de vagabunda, y cundió el relato de que dormía entre cartonajes, con su ración de estrellas, eso sí. Terele negó la escena, negó el momento, pero Terele sabe que el pánico vive vecino de la lentejuela. Ahora Javier Mariscal, al que convidaban a portadas, pelea un titular para declararse pobre. Sorprenden todavía estas cosas, porque estamos más acostumbrados al olvido que a la verdad. Frecuenté a Amparo Muñoz, cuando era una resurrección, y la nevera se la asistían unos pocos amigos de la prensa, o las variedades. Quería que alguien escribiera lo suyo, pero en rigor lo que quería era encontrar en el trabajo su droga. Amparo fue la más bella del universo, titulación incluida, pero arrastró la biografía torcida. Sonia Martínez hasta se dio a las artes de la limosna. Tina, una de las dos gitanas emocionantes de Las Grecas, se pasó pronto al flamenco del peligro, y cumplió una existencia de fantasma de la nocturna ciudad desvelada. Nadiuska pronunciaba mal el castellano, lo que le añadía calentura a la dicción, y tenía una boca carnívora que lo decía todo sin decir nada. Hoy es una señora que está sin estar, y ni recuerda que fue la vampira principal del destape. Tina escapaba de sanatorios para vagar en Madrid las lejanías que  llevaba por dentro.

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