Décadas de un mismo día

Publicado por el oct 3, 2015

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En el Nodo de los cincuenta se incluye, cada otoño, una ráfaga  de dos o tres minutos a propósito del Día de la Banderita, ráfaga alegre que viene a ser siempre la misma, porque ahí está la Gran Vía impasible de postal, las mesas de cuestación con una copa de damas de mucha sastrería, y una prosa de rapsoda que adorna el momento diciendo, por ejemplo, “la caridad se ejerció de un modo simpático”. El Nodo es un show. El Nodo es el Nodo. Creo recordar que en algún año, bajo amena variación, se arriesgó que la jornada se cumplió “con un derroche de simpáticas y humanas características”. Aquellas ediciones del Nodo tenían de pronto mucha poesía de majóricas, como algunas señoras del ademán mayor del Día de la Banderita de entonces, que no llevaban majóricas, en rigor, sino perlas puras de poderío, porque eran señoras, o señoronas, de rancio linaje, o lo parecían. O ambas cosas. Hoy se nos antoja más bien arqueología, todo aquello, y quizás hasta lo es, con las postulantes muy puestas de abrigo de entretiempo, los donantes amables de sombrerería, y todos tan amigos en el saludo de empezar a despedirse. Pasa con todo, a nada que manda el tiempo. Pero se sacaban unos dineros de importancia, para los empeños de Cruz Roja, que es de lo que se trataba. Las postulantes no eran necesariamente “las señoritas postulantes”, por recobrar una deliciosa acuñación de la época, y tampoco las postulantes eran necesariamente las chicas de la Cruz Roja. Porque las chicas de la Cruz Roja eran Concha Velasco, Mabel Karr, Luz Márquez y Katia Loritz, una alemana inolvidable de ojos verdemar y melena color relámpago. Quiero decir que las chicas de la Cruz Roja eran las chicas de la película dirigida por Rafael J. Salvia, una reliquia del año 58 donde cuatro chavalas de procedencias diversas se reúnen bajo el mismo afán común de lograr una tesorería en el día de la banderita, abordando al peatonaje. Iban en descapotable por Madrid, nuestras actrices, cantando aquello de “chicas de la Cruz Roja, novias de la primavera”, un hit cursilón de Augusto Algueró, que hoy mueve a la nostalgia. Aquella película le dio mucho estirón de popularidad al costado femenino del Día de la Banderita, ese costado peatonal que tiene la fecha, donde la mujer va practicando el abordaje benéfico y perfumado de la amabilidad, o la cortesía, por lograr rápido que el personal afloje unos euros. De siempre, en el Día de la Banderita, se ha buscado la foto del famoso, o la famosa, que va y deja su óbolo,  en la hucha transeúnte, o bien en las mesas engalanadas. Toda causa conlleva un escaparate. Y un seductor, o seductora. O mejor varias seductoras. Muchas. Como que en el Nodo de las prehistorias de este asunto les cabía a los guionistas el júbilo, o la jactancia incluso, de repetir cada año que contribuyeron al célebre Día, en Madrid, como postulantes, más de cuarenta modelos de alta costura.

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A ver de cerca el incendio, a convidarme a la tormenta, a poner bulería en la noticia diversa. A arriesgar, en fin, una opinión. Porque a veces “la vida no es noble, ni buena, ni sagrada”, según ya sospechó Lorca. A no... Más sobre «El Arpón»

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