Las parejas de Lina

Publicado por el Sep 20, 2015

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Lina, en los tramos últimos de su vida, resolvió una pareja de tres, ella, el chófer, y el padre Angel. Si ojeamos las fotos del reciente álbum familiar de la artista, tan huérfano de familia, nos sale que una tarde posaba con el padre Angel, y en la tarde siguiente posaba con Daniel Pontes, su chófer que era asistente doblado de amigo, o al contrario. Daniel, en los tramos últimos de la vida de Lina, siempre está sin estar. Como que ella misma cedió en él una tutoría, cuando la salud ya era un abismo incurable. Lo mismo pasa con el padre Angel, que también está sin estar, sólo que de otra manera. Entre otras cosas, porque si quería ver a Lina, cuando ésta estaba terminal de enfermedad, o quizá preterminal, la decisión pasaba por Daniel, que decidía que no, siguiendo muy probablemente el puro deseo de Lina, que era mandato. Daniel y Angel se hermanan ahora de nuevo, porque Lina les ha salido no sólo una amiga incalculable, sino una difunta benéfica. Ambos comparten reparto en la herencia de la artista, que es como decir fortuna o fortunón de la artista. Lina lo tuvo claro, en vida. Y esto es como arriesgar que también lo ha tenido claro de muerta. Todo lo arregló para que nada se torciera, cuando ya ella sólo iba a resultar memoria. De estos días hablamos. Lo suyo habría de repartirse entre el agradecimiento y la caridad, que no deja de ser otra suerte de la gratitud, entre otras cosas. La caridad lleva un nombre, Mensajeros de la Paz, institución del padre Angel. Y la gratitud también lleva el suyo, Daniel Pontes, ese hombre principal que estuvo ahí, al volante de los coches fastuosos y de época de Lina, y a la puerta de la habitación del hospital, como un soldado del aprecio íntimo y último. Diríamos, tirando de alegrón verbal, que Lina ha querido dejar dos viudos, pero dos viudos elegidos, durante la vida, bajo la lentitud de lo meditado, y dos viudos favorecidos después, vía testamento, en prueba sincera de que la ilustre difunta no olvida. Sobre Lina ha pesado, a veces, la fama de mujer malhumorada, pero eso no es sino el modo de malnombrar su genio, que era asimismo determinación. El padre Angel le gustaba, por su don de bonhomía, por su generosidad sin preámbulo, y Lina había colaborado muchas veces con su institución benéfica, unas veces con donaciones económicas y otras veces acudiendo en persona a respaldar y animar los comedores sociales o las residencias de la entidad benéfica. Daniel ha trabajado con Lina más de treinta años, y merece que aquí le adornemos de familia, mayormente desde que falleciera la hermana de Lina, hace ya casi tres años. Lina y el padre Angel se comunicaban, en las épocas últimas, mediante mensajes de móvil, porque Lina ya no podía hablar. Lina y Daniel se comunicaban con sólo mirarse. Es lo que tiene una vida entera cumpliendo de fiel consorte sin serlo.

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A ver de cerca el incendio, a convidarme a la tormenta, a poner bulería en la noticia diversa. A arriesgar, en fin, una opinión. Porque a veces “la vida no es noble, ni buena, ni sagrada”, según ya sospechó Lorca. A no... Más sobre «El Arpón»

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