Unos astronautas de la picaresca

Publicado por el sep 17, 2015

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Hace ya más de veinte años que tuvimos veinte años, y en medio del entonces aquel, Madonna se aupaba de jefa planetaria del pop sexual, a bordo de “Like a Virgin”, y Ana Torroja reinventaba la canción del verano para muchos inviernos, bajo el título “Hawaii Bombay”, que eran dos paraísos que a veces se montaba en su piso, según la prosa casi dadaísta de Mecano, orquesta mayor de la movida, tan bulliciosa de amateurs de oficio y pijerío de cosmética. Hablamos de los desabrochados ochenta, en general, y del apasionado y apasionante 1984, en particular, cuando Paco Rabal se hacía el propio monumento de genio en “Los santos inocentes”, y el cine X prosperaba en video VHS, sepultando enseguida el sistema betamax, y de paso también el género “S”, posterior al destape, que fue el parchís del porno. En aquel 84 de masivas amenidades, entre un Michael Jackson que tuvo un incendio de melena, al rodar para Pepsi, y un Steve Jobs de pajarita, que presenta el primer trasto de mac, triunfó la película “Cazafantasmas”. ABC la acaba de incluir en su campaña de rescate y promoción del cine de los ochenta. Se trata de la aventura, deliciosamente delirante,  de tres parapsicólogos fracasados al auxilio de la ciudad de Nueva York, sitiada por fenómenos paranormales. La vi en su día, en un cine catedralicio de la Gran Vía, y era como irse un rato a una metrópoli de pirados magníficos, como disfrutar, a la salida, un jetlag de ingenio lunático. Nosotros, los de entonces, somos y no somos los mismos. La película es una alhaja excéntrica, con ratos de comedia de láser, y un menú de diálogos que se dirían soñados por un astronauta de la picaresca. O por varios. En su día, en EEUU, barrió de campeona en los estrenos del año, por encima de “Indiana Jones y el templo maldito”, “Gremlins”, “Karate Kid” o “Loca academia de policía”, que se dice pronto. Su estruendoso carácter comercial no daña las virtudes del cine bien hecho, que llega hasta hoy, porque la película se ha venido sobreponiendo siempre a un nuevo éxito. Estamos ante un cine familiar, resolviendo en corto, pero cine familiar de entretenimiento mayor, porque está todo resuelto con un balanceo de dólares y talentos, bajo un acuerdo de vuelos técnicos y dinamita literaria. El reparto es memorable, y Bill Murray lo borda como líder del equipo de cazadores de fantasmas. Fue el actor del momento, mientras Springsteen cantaba con voz de metal macho “Born in the USA”, y los bestsellers los firmaba Margarite Yourcenar, Umberto Eco, o Manuel Vázquez Montalbán. Fue, Cazafantasmas, algo así como un premio Nobel del videoclub. Yo me enamoré de Sigourney Weaver, que sale jovencísima, hechizadora, y de harapos de oro. El tema musical ha sido una micebrina de discotecas. Cuando entonces, Hugo Sánchez debutaba de pichichi, y la Pantoja de viuda.

Lo estrafalario de los cazafantasmas se nos hizo enseguida entrañable. Porque es un gozo esta tropa, que se toma el humor tan en serio. Un gozo, y un regalo.

 

 

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A ver de cerca el incendio, a convidarme a la tormenta, a poner bulería en la noticia diversa. A arriesgar, en fin, una opinión. Porque a veces “la vida no es noble, ni buena, ni sagrada”, según ya sospechó Lorca. A no... Más sobre «El Arpón»

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