Entre el gol y el karaoke

Publicado por el Sep 6, 2015

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David De Gea ha sido el fichaje sin fichaje del Madrid, durante el verano, y también Edurne, que entraba, con él, en la alineación paralela del club, zona consortes planetarias y rutilantes. Hasta hubo mucha juerga de competición, entre las aficiones diversas, a ver si era o no era campeona de estampa Edurne, ante Sara Carbonero, su rival directa en las porterías de las guapazas de auge. A Edurne hay que agradecerle que no se haya puesto pesada en sus oficios de novia de futbolista famoso, pero ni ahora ni nunca, porque ha llevado esa condición de costado, y natural, sin tirar del provecho fácil o el escaparate extra, contra lo que resulta costumbre en el gremio de variedades, donde ya hemos de incluir a menudo el fútbol, o muy a menudo. Digamos que Edurne se ha dedicado a sostener su cromo logrado de chica simpática, dorada y laboriosa, y David su lámina de portero que no se inmuta, que es una virtud de los porteros mejores, esos dandies entre tatuajes. La portería es un oficio de solitarios, pero a veces los solitarios se echan una novia maravillosa, y resulta que la novia se llama Edurne, y la mandan a Eurovisión. De Gea parece que a menudo está cabreado, o ensimismado, o las dos cosas juntas, pero en rigor lo que pasa es que es muy alto, y lleva un peinado con todos los despeinados. Parece del Manchester de toda la vida, y a lo mejor aún lo es, durante un rato. Edurne es una chavala dispuesta, que igual canta en un concurso que se emplea en un musical de la Gran Vía. Cuando lo de Eurovisión, antes del verano del fichaje sin firma, le colocaron por ahí mucha crítica a la chica, porque quedó entre las últimas, en ese concurso. Pero yo creo que Edurne triunfó. Quiero decir que Edurne es una cantante solvente, y las cantantes solventes lo tienen entre mal y muy mal si las pones a competir en un escenario donde importa más el vestuario loco que la afinación de oficio. Al show de Eurovisión le dan siempre muchas vueltas de promoción y especulación, como si fuera un Mundial del micro. Yo he visto este tinglado, a saltos de los años, y siempre me parece una Operación Triunfo de gogós talluditas, sopranos de bingo, maricuelas de lamé y algún virtuoso que no sé qué pinta ahí. Edurne cumplió, y ha quedado en el vagón de cola. Yo creo que el puesto en este maratón da igual, porque el triunfo es librarse del ridículo. Y claro que Edurne se ha librado, porque una chica que canta bien no naufraga nunca. Edurne, en Eurovisión, jugó en campo contrario, que es un poco lo que va a pasarle ahora a De Gea, que vuelve a una afición, la inglesa, de la que ya se había despedido. El portero del Madrid juega en otro equipo y a ratos en la Seleción. Si hubiera boda, debiera estar de testigo primero Vicente del Bosque. A De Gea el gol inolvidable se lo han colocado en los despachos, bajo minutero de traición. A Edurne la enviaron a Eurovisión, un karaoke de la laca. Menos mal que el amor lo puede todo. O eso dicen.

 

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A ver de cerca el incendio, a convidarme a la tormenta, a poner bulería en la noticia diversa. A arriesgar, en fin, una opinión. Porque a veces “la vida no es noble, ni buena, ni sagrada”, según ya sospechó Lorca. A no... Más sobre «El Arpón»

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