Mostrador de modernos

Publicado por el Jul 24, 2015

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Ayer, el Mercado de Fuencarral, en Madrid,  vivía una atmósfera de desguace, un clima de medio naufragio, un aire de penumbra de clausura. Porque sí, se le echa definitivamente el cierre al popular sitio, que hace más de una década fuera el templo de los modernos que querían una vida alternativa, empezando o acabando por el ropero fashion, cuya mejor versión de atrevimiento se vendía aquí. El Mercado de Fuencarral, inaugurado en 1998, cumplía un cruce de garito del último Londres y mostrador de revistas de tendencias. Ahí se vendía ropa militar femenina, y calzoncillos de windsurfista, y bolsos de pinup, y cazadoras de vampiro, y zapatillas americanas, con algo de coche japonés y algo de artesanía de la NASA. Ayer, en su fachada, aún lucían los graffitis de siempre, como si no hubieran pasado más de quince años desde que este edificio, un mamotreto de desfavorecido acero, fuera el monumento del auge de las tiendas de segunda mano, las camisetas importadas, los tatuajes tribales y los piercings a granel, que son la joyería de los rebeldes del bar. Ahí se vendían sprays para la melena, y tabaco de liar. Hablamos de finales de los noventa, en Malasaña, cuando esta calle no era una arteria de mercancía de Swarovski o Pepe Jeans sino una calle sucia y pululada, que era la cara B de la Gran Vía, con su mucha figuración en cada esquina de las tribus diversas de la mala vida. Entonces, cuando el Mercado de Fuencarral ahí se abre de pronto, la zona tenía el mal zócalo de la droga, entre otras sombras, y la vocación del peatonaje era underground. El Mercado se asentó como alhaja de modernidad, y reunía un jaleo de tiendas de ropa distinta, mostradores de disjockeys diurnos, fiestas de música electrónica y lecturas de poetas que nunca publicaban nada. Le Monde, alguna vez, consideró el Mercado de Fuencarral como “el mejor ejemplo del cambio cultural en España”. Pero de aquello han pasado diecisiete años, rato arriba, rato abajo, y todo lo que era último grito de modernidad se ha quedado en medio silencio de poca clientela y apuesta no ya vintage, sino quizá anticuada. Dicen que lo han vendido a un fondo de inversiones, y por ahí va rodando la cifra de veinte millones de euros. También por ahí se arriesga que lo mismo se va a abrir en su lugar un H&M, o un Zara. En cualquier caso, todo lo contrario al mítico, y ya extinto Mercado de Fuencarral, cuyo lema fue “el centro comercial para los que odian los centros comerciales”.

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A ver de cerca el incendio, a convidarme a la tormenta, a poner bulería en la noticia diversa. A arriesgar, en fin, una opinión. Porque a veces “la vida no es noble, ni buena, ni sagrada”, según ya sospechó Lorca. A no... Más sobre «El Arpón»

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