La importancia de llamarse Medinaceli

Publicado por el May 18, 2015

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Rafael Medina, y Luis Medina, se rehermanaban de gafas negras para cumplir el funeral de su padre, el duque de Feria, allá por el verano del 2001. Fue la ceremonia en Toledo, donde está el panteón ducal de la Casa Ducal de Medinaceli. La muerte le sobrevino al duque de Feria después de severas depresiones, y unos años largos, por duros, de pena de cárcel a resultas de una condena por corrupción de menores y tráfico de drogas. Naturalmente, estuvieron sus dos hijos, para el adiós último, y faltaron la madre del fallecido, María Victoria Fernández de Córdoba, que convalecía de una operación, en el Puerto de Santa María, y también la “ex” mujer, Naty Abascal, que iba de viaje por Indonesia. María Victoria Fernández de Córdoba era Mimi, Mimi Medinaceli, uno de los más altos nombres de la aristocracia española, mujer de viajados refinamientos y un aguante de casi hierro puro y probado, porque contempló la muerte de tres de sus cuatro hijos, más la del propio marido, Rafael, aquel Duque de Alcalá que fue Alcalde de Sevilla. Llevó la tragedia con delicadeza. Naty Abascal viene a ser una de las mujeres más elegantes del mundo. O aún mejor: más suntuales del mundo. De algún modo, esa suntuosidad también se da en sus hijos, Rafael y Luis, que tienen perfil de sable. Naty es una elegante distinta, una rara de oficio que se tituló musa de Oscar de la Renta, o de Richard Avedon, el fotógrafo principal de la moda de los 60 y 70. Naty Abascal es de parar poco por Madrid, mientras celebra los cumpleaños en París. Le salen, a veces, rivales rubias de portada, que incluso la mencionan, para mal, pero Naty tira enseguida de miopía propiamente dicha, y miopía de la otra, para ignorar a quien busque sitio de fama a su costa. Si le preguntan por otras elegantes, habla Naty de cualquier otra menudencia como si se estuviera tragando un diamante. Lo del duque de Feria lo llevó como pudo, igual que los hijos. Alternando silencio y distancia. Mimi Medinaceli murió en el 2013, y con ella tuvo sepultura una época española, en general, y sevillana, en particular.Rafael Medina y Luis han cruzado la lámina de guapos de consenso con la rara distinción de linaje, y así nos salen dos bigardos que son  un solo duque, o lo parecen, pero un duque joven, deportivo, y nada demodé. Vengo a decir que se les nota que enraman, familiarmente, con los Medinaceli, pero los trajes a medida no les quedan antiguos. Ahora, están en lo alto del runrún porque se ha abierto la controversia, o disputa, digamos, por veinte de cincuenta y tantos títulos nobiliarios que ostentaba la abuela de los hijos de Naty. Veinte, se dice pronto. El tío de ambos, Ignacio Medina, Duque de Segorbe, pretende ostentarlos, tirando de ley. Luis Medina ya ha replicado:“Me parece una distribución injusta que, de cuatro hermanos que eran, sólo uno tenga todos los títulos” . Naty, entretanto, a lo suyo, de gogó de mucho armario en las fiestas de Valentino.

 

 

 

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