La otra Navidad

Publicado por el dic 28, 2014

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Hay otra Navidad, hay la Navidad de los desesperados, la Navidad del que soporta la biografía torcida, brinda sin brindar con el silencio sólido, y echa una cabezada mientras se abriga un poco el corazón aterido con tres retales de cartonaje, que son el ajuar del mendigo. En los soportales de la Plaza Mayor, en Madrid, malvive una colonia de mendigos. Esto no es asunto navideño, sino de más atrás, sólo que ahora los mendigos, al caer la noche, se aprecian más, entre la barahúnda de los que andan por el sitio de tapas, y los chinos con su nikon. Bajo las arcadas locas del Viaducto, suele haber también una familia deshilachada de mendigos, que ahí ponen media manta de orfandad, como domicilio urgente, y una litrona de zumo, para ir tirando. El Madrid de los Austrias tiene algunos recodos que son el hostal a cielo abierto de los que no tienen más privilegio, o sorpresa, en la vida que pillar pronto un bocadillo, si el transeúnte se enrolla. En la misma calle Mayor, a las puertas de un Banco en reforma, se ovillan de peldaño, cada mañana, un par de mendicantes, a ver si les cae una calderilla de la caridad del gentío. En la Plaza de Oriente vi, ayer mismo, cómo se deseaban feliz noche dos desarraigados habituales, con domicilio en dos bancos de piedra, según miras el Palacio, a la izquierda, ayer mismo, digo, vi a esos dos huérfanos desearse Feliz Navidad en inglés. Se ve que no tienen más que el aire frío y abierto, la barba de presidio, y un reloj que da la hora de acudir al comedor social de Cáritas, que queda paralelo a Tirso de Molina. Es uno entre varios. Algunas mañanas, temprano, ese mismo sitio resuelve una cola de gentes que llevan poco empleo en la necesidad. Son todos, sí, la otra Navidad, que se prorroga por la calle Montera, donde las meretrices de juventud se alquilan como cualquier otro día, como cualquier otra noche, porque la clientela no respeta ni los calendarios. Hay un Madrid de necesitados, en Navidad, y un Madrid de urgencias, donde se atiende con luz de clínica a los infartados de emoción, y a los que directamente se pasaron con el whisky. La Navidad, en Madrid, tiene un momento que es un cruce de villancico de balcón, y alarma de policía, o ambulancia. En Madrid, en cualquier sitio. Se comprende que los desesperados no acaben de pillarle lujuria a la Navidad, pero la Navidad está ahí, entre cenas de empresa y cenas de familia. El resto es una caravana de solitarios que no ponen árbol de navidad, porque el árbol de navidad es el propio espíritu sin adorno y acaso sin luces, que les anida por dentro, y no sólo ahora, sino durante todo el año. La ciudad se ha vuelto a cargar, muy cinematográficamente, de esa nocturna intimidad de bombillas encendidas que es la Navidad. Hay relente, y parece que llueve. La lluvia es algo que sin duda sucede en el pasado, sentenció Borges. Para algunos, la Navidad es algo que sucedió en el pasado. Eso, si sucedió, algún día.

 

 

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A ver de cerca el incendio, a convidarme a la tormenta, a poner bulería en la noticia diversa. A arriesgar, en fin, una opinión. Porque a veces “la vida no es noble, ni buena, ni sagrada”, según ya sospechó Lorca. A no... Más sobre «El Arpón»

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