Plaza Mayor de la Navidad

Publicado por el dic 14, 2014

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Hay, por estas fechas, una visita memorable en Madrid, que es el mercado navideño de la Plaza Mayor, con sus pastores de miniatura, con sus musgos de pliego, con sus abetos de esqueleto vivo. Los abetos hacen coro de bosque, en una esquina prieta, a ver quién se los va llevando, para plantarlos en casa. Los pastores son los pastorcillos limpios y más bien simplones de nutrir el belén de toda la vida, pero quizá renovados en tamaño breve, y en gesto, porque los pastores gigantones y de barro ya se llevan poco, o nada. No es barato este mercado de la artesanía navideña, pero es el gran mercado madrileño del asunto. Los musgos, en pliegos de verdor palpitante, enamoran enseguida a los niños, no sabemos si porque muchos niños no han conocido el musgo vivo, palpitante y verdadero, o bien porque el niño se fascina enseguida con todo lo insólito, de un modo natural, desde un i-pad a un retal de musgo. La Plaza guarda, para los nostálgicos, un belén gigante, que hace eje en el sitio, un belén muy bien puesto y muy cuidado de luces a medio gas, dentro de la cristalería preceptiva en estos casos. Estamos ante un belén de escaparate, hermano de otros que despliega el Ayuntamiento en otros sitios, durante estas fechas. Para rematar el rato de asueto con los críos hay un tiovivo clásico, casi como remate de la visita, con esa cosa dominical y emocionante que tienen todos los tiovivos, mayormente si cargan mucho artesonado dorado, como éste. La Plaza es un plaza de día y otra plaza distinta, en la noche, como la ciudad misma. En la noche, con este mercado de fantasía,  la Plaza Mayor coge un aire cinematográfico, irreal casi, donde la memoria se cruza con la fantasía. Tiene este mercado, en la noche, un amor de luces pálidas entre el frío y una tribu de las guirnaldas haciendo su sitio de brillo entre la cháchara de los paseantes. Hay entonces una belleza de otro siglo, un encanto parado en el aire, con algo de hora extraviada de Nueva York que se ha venido a la Casa de la Panadería.  En el día, los críos hacen su recreo jubiloso por la zona, y quien dice críos dice todo el mundo, porque esta mercadería de lo entrañable nos saca a todos un poco o un mucho la infancia, siempre tan lejos, siempre tan cerca. El que no se lleva un abeto para el adorno preceptivo se compra una careta, o un matasuegras. Llegó la Navidad. En la Plaza Mayor venden las artesanías de su liturgia. Aquí se arma el belén. Hoy. Cada año.

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