Comprar suerte

Publicado por el Nov 9, 2014

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Ya hay cola de empaque en Doña Manolita, como un ensayo de la gran cola cinematográfica, digamos, que se apareja durante el mes de diciembre, para los sorteos navideños. La cola lleva semanas, y es siempre la misma cola, sólo que cambiando los particulares. Parece que es una cola de figuración, ésta de Doña Manolita, una cola promocional para reunir mayor clientela, pero no, la cola es la clientela misma, que se lleva sus décimos prestigiosos de este despacho, donde parece que la suerte insiste, con los años. Doña Manolita, la administración de lotería, es algo así como el cocido de Lhardy, o el paseo por Plaza de Oriente, una cosa de obligado cumplimiento, un recodo de visita ineludible. La gente se pega un voltio por Madrid, un fin de semana, y se hace un selfie con La Cibeles de fondo, o con el Bernabeu, y pilla papel en Doña Manolita, porque cómo vas a desaprovechar la posibilidad de hacerte millonario, si pasas por el foro. Hay quien pilla para varios familiares, naturalmente. Quiero decir que todo esto tiene mucho gancho entre los turistas que, si son extranjeros, aún creen que la misma Doña Manolita les va a dispensar en persona los dos o tres décimos pedidos, aunque Doña Manolita es sólo un retrato de escaparate, un retrato antiguo, en blanco y negro, que preside este sitio mítico, entre reproducciones de números premiados y otros pósters de publicidad donde se acredita que el azar pasó por aquí, y dejó premio. “Compró suerte en Doña Manolita”, escribía Joaquín Sabina en aquella delicia que cantó Ana Belén, “A la sombra de un león”. El personal viene, en romería, a comprar suerte en este establecimiento, sí, al que también aludieron Quintero, León y Quiroga, en el tema “Mañana sale”, que cantaba Concha Piquer. La cola de Doña Manolita tiene medio siglo, rato arriba, rato abajo, aunque la señora abrió su chiringo allá en el 1904, en la calle San Bernardo. Luego pasó a Gran Vía, 31, donde se aupó como sitio célebre y ceremonial, y ahora se desempeña en la Calle del Carmen, a un soplo de la Puerta del Sol, donde hay loteras del momento que te venden décimos de Doña Manolita, por Navidad. La cola, en estos días, la iban pautando unos empleados, para resolverla en tramos, y evitar desórdenes. Hay prisa por echarse la suerte al bolsillo. He preguntado a los de la cola, que tienen algo de peregrinos del mejor azar, y me salen dos curiosas terminaciones favoritas. El 19614, fecha de la proclamación de Felipe VI, y el 24514, fecha en que el Madrid ganó la décima. A ver si toca. De momento, han invertido en Doña Manolita, que es autoridad.

 

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