La ecologista impertinente

Publicado por el ene 1, 2010

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Me sucedió hace unos días en Madrid, cuando deposité una enorme bolsa de papeles y periódicos en el contenedor de papel. Iba tan cargada de paquetes en ambas manos que no quité el plástico que contenía los papeles por lo que, ni corta ni perezosa, una señora que estaba al lado del contenedor y que no me conocía de nada me interpeló para reprocharme mi actitud antiecológica. “¿No le parece a usted que sería mejor quitar la bolsa de plástico?” me espetó la ecologista impertinente.

 

Tal fue mi asombro ante el atrevimiento que no fui capaz de replicarle con otro reproche por lo que ella misma acababa de hacer. Y es que la señora en cuestión, que arrastraba un carrito, había llegado con tales ímpetus a realizar su acto ecológico que  interrumpió bruscamente el paso de una anciana que caminaba con dificultad del brazo de una joven y que no cayó al suelo porque la joven la sostuvo a tiempo. Me pareció un símbolo de una característica bastante extendida en el movimiento ecologista. Su prepotencia, su chulería, su tendencia a meterse en los derechos individuales de los demás. Sus tics autoritarios, en definitiva. Algo que yo he conocido muy bien a lo largo de mi vida, pero no en el movimiento ecologista sino en el mundo del nacionalismo radical que, en esto de creer que puede imponer su credo a los demás, se parece bastante.

 

La grosería de la ecologista impertinente me recordó, de hecho, otra anécdota muy parecida que viví hace años, cuando paseaba con mi hijo por mi pueblo vizcaíno y le hablaba en castellano que es mi lengua preferida de comunicación aunque también sepa euskera. Entonces, otra señora, a la que apenas conocía de vista, me interpeló a la puerta de una cafetería y me soltó “¿no crees que sería mejor que hablaras euskera a tu hijo?”. El asombro también me impidió en aquella ocasión responder a la nacionalista impertinente si no sería mejor que practicara el nazismo exclusivamente en su casa.

 

Y lo malo del ecologismo extremista es que, a diferencia del nacionalismo del mismo tipo, goza de amplia tolerancia social. Algunos son capaces de derribar a una anciana con tal de salvar un árbol, y encima los aplauden. O sea que cuidado con las inmediaciones de los contenedores ecológicos, no vaya a ser que te tropieces con la ecologista impertinente.

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