El estallido del volcán

El estallido del volcán

Publicado por el May 26, 2014

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Todo estalló de repente. Y salió a la superficie, como la lava de un volcán, el conjunto de decepciones acumuladas en una entidad nacida para el triunfo: las eliminatorias perdidas en octavos, los penaltis lanzados al cielo de Madrid en aquella fatídica noche de hace dos años contra el Bayern, los goles de Lewandowski de 2013 y, sobre todo, un final de Liga indecoroso que había provocado dudas. Muchas dudas. El Real Madrid feliz que había maravillado a Europa en Múnich llegó a la final de Lisboa con rostro serio. Muy distinto al de sus rivales del Atlético. Como el día y la noche. Pero todo eso cambió en apenas unos minutos. El salto de Xabi Alonso desde la grada hasta el césped para abrazarse frenéticamente a sus compañeros en el 2-1, el beso nervioso de Casillas a Sergio Ramos como el moribundo que acaba de salvar la vida y, en general, el gesto desencajado de todos los jugadores al celebrar los cuatro goles.

No parecían los mismos hombres gélidos, de rictus casi indolente, quizás demasiado concentrados o presionados por no volver a fallar. «Un alivio increíble», contestó Di María cuando le cuestionaron a pie de campo sobre lo que sentía en ese momento. «Alivio». No es el término que uno esperaría de quien acaba de ganar la Liga de Campeones, la competición de clubes más importante y difícil del mundo. Pero era la palabra. Le salió del alma. Ayer las proclamas eran otras. Pero un futbolista solo se sincera cuando baja la guardia entre confeti y champán. Di María lo hizo.

Así que la palabra era alivio. Pero también satisfacción por llegar un minuto antes del límite a la carrera de larga distancia que se había planteado esta temporada. «El que siembra acaba recogiendo», resumió Sergio Ramos, como quien quiere transmitir que las cosas no ocurren por casualidad, que hay mucho trabajo oscuro entre bambalinas, que este grupo ha sufrido mucho a lo largo de la temporada y que precisamente ha habido mucho grupo, bastante más del que trasciende. Porque se destaca, y es justo hacerlo, el ejército de soldados que ha formado Simeone. Y sin embargo hay un vestuario, el merengue, del que se habla mucho cuando se agrieta -tantas veces ha sucedido en los últimos años-, y del que se calla cuando permanece unido y sin fisuras como ha ocurrido esta temporada. «Es falsa la imagen de falta de autoridad de Ancelotti. Cuando tiene que echar la bronca, no duda en hacerlo, y los jugadores le respetan», señala un colaborador directo del técnico. Esa unidad que ha mantenido el vestuario del Real Madrid a lo largo de la temporada, en las duras y en las maduras, no es fácil cuando confluyen tantos egos, tantos internacionales de relumbrón, disputándose once puestos en el equipo inicial. La presión es terrible por la enorme inversión que cada año se realiza en mejores futbolistas.

Ancelotti ha manejado a lo largo de la temporada situaciones límite. Por su parte, los jugadores, en todas las líneas, desde la portería hasta la delantera, han sabido también ceder, renunciar, pactar. No son estos tampoco términos habituales en el vestuario de un club de fútbol. Pero es que el Real Madrid, ya se ha dicho, no es un club cualquiera.

Todos en el club blanco, en la directiva y en el cuerpo técnico, subrayan el margen de mejora de una plantilla que, ahora sí, ha sabido integrar los fichajes mediáticos dentro de un grupo solidario. El triunfo del sábado permite, en Concha Espina y en Valdebebas, tomar decisiones sin urgencias. Es lo que tiene el alivio de la victoria.

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Presentación: No se confundan. No es un blog sobre tácticas de fútbol. El bloguero no es un friqui que ve de madrugada los partidos de la Liga búlgara. Pero le apasiona el fútbol. Y todo lo demás.Más sobre «Cuatrotrestrés»

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